martes, 19 de agosto de 2008

Tendencias del español actual



Los avances científicos, técnicos y sociales que han caracterizado a los dos últimos siglos han supuesto una continua renovación del léxico.


Son numerosos los préstamos que en los últimos doscientos años el español ha venido adoptando del francés (garaje, bisturí, tren, casete, alevín, etc.) y muy especialmente del inglés (líder, fútbol, tenis, estándar, etc.). A ellos hay que sumar un buen número de términos que se han creado a partir del griego y del latín, especialmente en el ámbito científico: oftalmología, exógeno, gastroscopia, megalópolis, ecológico, aeródromo, etc.



Cabe destacar a este respecto la invasión en los últimos años de términos informáticos procedentes del inglés y el esfuerzo de las Academias para incorporarlos. Así en el Diccionario de la lengua española se recogen términos como página web, CD o escáner.



Por el contrario, otras palabras, características de la vida rural, se van perdiendo y resultan desconocidas para muchos hablantes urbanos: jícara, tornaja, artesa, etc.



En cuanto a la ortografía se tiende a su simplificación y a adaptarla lo más posible a la pronunciación. A estos criterios responden:

la supresión de la tilde en los monosílabos (fui),
la utilización libre de s en lugar de ps, de t por pt, y de s por bs en términos como sicología, setiembre o sustancia,
la utilización de la tilde en los pronombres demostrativos solo cuando hay ambigüedad (¿Por qué difunden éstos rumores?).







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Los estudios sobre la lengua

Emilio Alarcos Lorach.

En el siglo XIX se publican importantes obras gramaticales, algunas de las cuales son elaboradas por gramáticos americanos, como el Diccionario de construcciones y régimen de la lengua castellana del venezolano Andrés Bello (1781-1865) o la Gramática de la lengua castellana del colombiano Rufino José Cuervo (1844-1911), que profundizan en el estudio de la lengua.



En España, se debe destacar la figura del filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), y posteriormente, estudiosos como Samuel Gili Gaya (1892-1976), Rafael Lapesa (1908-2001), Emilio Alarcos Lorach (1922-1998), Fernando Lázaro Carreter (1923-2004) o Ignacio Bosque (1951), por citar algunos, continuarán a lo largo del siglo XX el estudio de la lengua en profundidad a la luz de las nuevas corrientes lingüísticas.






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miércoles, 6 de agosto de 2008

HIJO MÍO

Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.

Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.

Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,

me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.

LEOPOLDO PANERO

miércoles, 23 de julio de 2008

EN: LETRAS LIBRES



NOVIEMBRE DE 2006

La lectura como fracaso del sistema educativo
por Gabriel Zaid

Gabriel Zaid analiza en este ensayo la última encuesta sobre los hábitos de lectura en México, cuyos resultados son descorazonadores por partida doble: porque revela el vasto océano de nuestra ignorancia y porque demuestra taxativamente cómo los nuevos universitarios no leen.
Leer por gusto es algo que se contagia, como todos los gustos, viendo a los entusiastas sumergidos en un libro, o escuchando el relato de sus aventuras. Tradicionalmente en México, muy pocos adquirían ese gusto en casa. Para la mayoría, el foco de contagio era la escuela: sus maestros, compañeros y amigos. Así como no abundaban los médicos hijos de médicos, pocos grandes lectores eran hijos de grandes lectores. Pero las aulas presagiaban que, en el futuro, se multiplicarían.

Desde hace un cuarto de siglo, el esfuerzo educativo ha sido intenso. Según el sexto informe del presidente Fox, México ocupa 1.7 millones de maestros en el ciclo escolar 2006-2007: más del doble que en 1980-1981. Desde entonces, la población escolar ha subido de 21.5 a 32.7 millones, en grupos más pequeños (19 alumnos por maestro, en vez de 29). También subió la escolaridad promedio de la población económicamente activa: de cinco a nueve años. El gasto en educación (casi todo público) subió del cinco al siete por ciento del PIB. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), las familias dedicaban el dos por ciento de sus gastos a la educación en 1977 y el once por ciento en 2005: cinco veces más.
Pero, según la Encuesta nacional de lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dos de cada tres entrevistados declaran leer lo mismo o menos que antes, a fines del 2005. Sólo el 30% declaró leer más. El 13% dice que jamás ha leído un libro. Y cuando se pregunta a los que no están en ese caso cuál fue el último libro que leyó, la mitad dice que no recuerda. El 40% dice que ahora lee menos. También un 40% dice que nunca ha estado en una librería. Dos años antes, en la Encuesta nacional de prácticas y consumo culturales, también de Conaculta, el 37% dijo que nunca había estado en una librería.
Al 40% que dijo leer menos se le preguntó a qué edad leía más. El 83% (del 40%) dijo que de los 6 a los 22 años, o sea la edad escolar. Si de los entrevistados se escoge a los que tienen de 23 a 45 años (o sea los beneficiarios del gran impulso educativo), los números empeoran. El 45% (en vez del 40%) declara leer menos, de los cuales casi todos (90% en vez de 83%) dicen que leían más cuando tenían de 6 a 22 años. Queda claro que leían libros de texto, y que no aprendieron a leer por gusto.
Los entrevistados que no leen dan varias explicaciones, la primera de las cuales (69%) es que no tienen tiempo. Pero el conjunto de los entrevistados considera que la gente no lee, en primer lugar, por falta de interés o flojera. Sólo el 9% dice que por falta de tiempo.
Los entrevistados que han hecho estudios universitarios o de posgrado dieron respuestas todavía más notables. Según la ENIGH 2004, hay 8.8 millones de mexicanos en esa situación privilegiada (incluye a los 2.8 millones de universitarios que no terminaron sus estudios). Pero el 18% (1.6 millones) dice que nunca ha ido a una librería; el 35% (3 millones), que no lee literatura en general; el 23% (2 millones), que no lee libros de ningún tipo; el 40% (3.5 millones), que no lee periódicos; el 48% (4.2 millones), que no lee revistas y el 7% (más de medio millón) que no lee nada: ni libros, ni periódicos, ni revistas. El 30% (2.6 millones) dice que no gasta en libros, el 16% (1.4 millones) que gasta menos de $300 al año. O sea que la mitad de los universitarios (cuatro millones) prácticamente no compra libros. (Estos números confirman y acentúan lo que encontró la encuesta nacional sobre la cultura en México, realizada por la Universidad de Colima a fines de 1993: el 22.1% de los entrevistados con licenciatura o más no había comprado libros en los últimos doce meses.) Sin embargo, el 66% dice que compra la mayor parte de los libros que lee. Como dice leer en promedio cinco libros al año, esto implica que compra tres. El 77% dice que tiene su propia biblioteca, pero en el 68% de estas bibliotecas personales hay menos de 50 libros. Y ésta es la crema y nata del país.
Según la encuesta, los mexicanos destinan casi el 2% del presupuesto familiar a la compra de libros: $220 pesos anuales La mayoría (55%) dice que no gasta ni un centavo, pero muchos estiman que gastan el cinco o el diez por ciento. La estimación está infladísima. Según la ENIGH 2004, el gasto corriente monetario en libros, revistas y periódicos fue el 0.4% del gasto familiar. Los libros representan cuando mucho la mitad, digamos 0.2%: diez veces menos que lo declarado en la encuesta.
Según la encuesta, los mexicanos de 12 años o más leen en promedio 2.9 libros al año: 45.7% comprados, 20.1% prestados por un amigo o un familiar, 17.9% regalados, 10.2% prestados por una biblioteca y 1.2% fotocopiados. Sumando los comprados y regalados (63.6%, o sea 1.8 ejemplares), se pueden calcular los ejemplares vendidos: 103.3 millones de habitantes en octubre del 2005 x 75.7% de 12 años o más x 2.9 libros al año x 63.6% vendidos = 144 millones de ejemplares vendidos en el país el año 2005, lo cual parece exagerado.
En la ciudad de México (DF y zona metropolitana), según la encuesta, se leen 4.6 libros al año: 64.7% comprados, 16.5% prestados por un amigo o familiar, 10.2% regalados, 5.4% prestados por una biblioteca y 1% fotocopiados. Esto daría 18.5 millones de habitantes x 76% de 12 años o más x 4.6 libros al año por 74.9% comprados o regalados = 48 millones de ejemplares vendidos en la ciudad de México el año 2005, lo cual parece exagerado.
En la sección amarilla del directorio telefónico 2005 de la ciudad de México, había unas 325 librerías. Si se les atribuye la venta de 48 millones de ejemplares, vendieron 150,000 ejemplares cada una, que es altísimo. Las 75 librerías de Educal, cuyo tamaño es superior al promedio, tenían como meta para el año 2004 vender 75,000 libros y artículos culturales en promedio.
Y si la cifra de 48 millones de ejemplares para la ciudad de México es exagerada, la cifra nacional (144 millones) es una exageración mayor, porque implica que la ciudad de México no representa más que el 33% del país. Para muchos editores, representa el 80%. Pero suponiendo, conservadoramente, que sea el 50%, el total nacional daría el doble de la cifra (exagerada) de la ciudad de México: 96 millones, un ejemplar por habitante.
Según Fernando Peñalosa (The Mexican book industry, 1957), había 150 librerías en el directorio telefónico de la ciudad de México de 1952. Si en el directorio de 2005 hay el doble (325), pero la población se ha sextuplicado (de 3.3 a 18.5 millones), en 53 años el número de librerías por millón de habitantes se ha reducido de 45 a 18. Otro indicador: desde 1950 (en todo el país, en todos los niveles) el número de maestros se ha multiplicado casi por veinte (Estadísticas históricas de México). Sin embargo, el número de lectores (a juzgar por el número de librerías de la ciudad de México), apenas se ha duplicado.
Un aspecto interesante de la encuesta es que muestra claramente que el interés (o desinterés) de los padres en la lectura se reproduce en los hijos. Habría que medir esto, no sólo en los hogares, sino en las escuelas y universidades. Una encuesta centrada en el mundo escolar, seguramente mostraría que los maestros no leen, y que su falta de interés se reproduce en los alumnos, por lo cual multiplicar el gasto en escuelas y universidades sirvió para multiplicar a los graduados que no leen. ~

jueves, 10 de julio de 2008

ELLOS LO ESCRIBEN, ELLOS LO VIVEN...

Quiero compartir con ustedes el Poema ganador del concurso de poesía del Colegio de Bachilleres del EStado de Yucatán, del plantel kanasín donde actualmente laboro.

NOCTÁMBULO

Cuando a un tigre le cuelgan las rayas,
esas que marcan su imponente figura,
inicia la dolorosa oscuridad en mi vista.

Ya nada pienso,
¿y?
No, no siento nada cuando llueve,
cuando se parte el alma en la miseria,
no, ni el pulso me cambia,
no, no siento nada ante la bandera o Jesús,
ya no,
ya no hay latidos, sentimientos o un mañana en que creer,
soy sólo un objeto inerte en la obscuridad,
donde el agua deshace mi cuerpo,
las sombras me mueven con su aliento,

¿Acaso es un sueño?

Amanece nuevamente,
¿Un traje?
¿Maquillaje?
Qué creen que soy
Por qué tengo atadas las manos,
Acaso ni muerto me dejarán fluir hacia la soledad.

Hugo Ávila.