jueves, 23 de abril de 2009

“DEL TRATO QUE SE LES DA A LOS LIBROS”



Por: Eugenio D’Ors*

Ante el libro, reconozco inmediatamente al hombre de cultura. No necesito saber su manera de entenderlo. Ni siquiera su manera de leerlo. Me basta ver su manera de manejarlo.
Hay ciertos movimientos, casi instintivos, que designan, desde la infancia, a quien será más tarde hombre de cultura. Hay, al revés, formas de maltrato a los libros, pronta denunciante del bárbaro que leerá muy poco, o que los leerá sin provecho.
Vean ustedes ese desatentado que ha abierto el tierno volumen por la mitad, empuñando a puño pleno cada una de las dos porciones. Ahora lo deja y ha plegado una de éstas para dejar señal y recordar luego dónde ha quedado. Bien, pues yo os digo que las páginas que ha ineptamente manejado ese grosero, no las llegará a entender.
Quien las entenderá y gozará es este otro, este enamorado que, sin darse cuenta, ha acompañado ahora con una ligera caricia de los dedos la apoyada, atenta caricia del mirar.
Jamás entrará, estad seguros de ello, en los mejores palacios del conocimiento, quien no conozca y adivine esta verdad profunda: los libros no son objetos inertes, sino seres animados.
Merecen la consideración, el respeto y, por decirlo así, la fraternidad que merecen los más destacados, los más sensibles y también los más indicativos entre los vivientes.
*Nació en Barcelona en 1882 y falleció en 1951. Uno de los más destacados escritores de la generación española dela década de los veintes. Ensayista, novelista y filósofo. Lo mejor de su producción es su brillante prosa artística castellana.
Tomado de: MICHAUS, MANUEL Y JESÚS DOMÍNGUEZ (1995) El galano arte de leer. Antología didáctica. México, Vol. 1, Ed. Trillas.

sábado, 28 de marzo de 2009

PARA RODRIGO:


Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo
y van y vienen máscaras.
Amanece el dolor un día tras otro,
nos rodeamos de amigos y fantasmas,
parece a veces que un alambre estira
la sangre, que una flor estalla,
que el corazón da frutas, y el cansancio
canta.
Jaime Sabines.

sábado, 7 de marzo de 2009

EL ROBO DE LIBROS: “Ladrón que roba a ladrón…”




“Para aquel que roba, o pide prestado un libro
y a su dueño no lo devuelve,
que se le mude en sierpe la mano y lo desgarre…”


Todo aquel que es amante de la lectura, por lo general, lo es también de los libros; son aquellos que aprecian no sólo el contenido sino el material, la textura, la calidad de impresión, la tipografía, el color, la pasta y, hasta el olor, pues por ahí hay quienes al abrir un libro nuevo lo primero que hacen es disfrutar el aroma de las páginas nuevas, en pocas palabras bibliófilos de corazón. Muchos de ellos se aficionan tanto con los libros que llegan incluso a la bibliocleptomanía, con tal de poseer un determinado volumen o tomo.
Este tema ha sido recreado en películas y libros, y esta práctica no sólo se ha realizado con libros antiguos o ejemplares únicos, basta con recordar cuántas veces hemos prestado un libro y nunca lo hemos devuelto, o viceversa, cuántas veces hemos dado prestado un libro y nunca regresó, y realmente siempre recordamos, de muy mala manera por cierto, a esa persona y por lo general, nunca la olvidaremos.
Pero si nos remontamos al pasado encontramos al ladrón más famoso de libros, su nombre real es Guglielmo Bruto Icilio Timoleone, conde Libri-Carrucci della Sommaia, nacido en Florencia en 1803. Estudió derecho y matemáticas e impartió cátedra en la Universidad de Pisa, pero su amor hacia los libros lo llevó a desear un puesto en la Biblioteca Real el cual, por cierto, nunca obtuvo, hasta que en 1841 obtiene el cargo para supervisar el catálogo oficial de las bibliotecas públicas.
Este personaje se dice que tenía una apariencia desagradable: “por su aspecto se diría que no ha usado nunca agua y jabón o un cepillo… Es una persona bastante corpulenta, de aspecto jovial pero de facciones vulgares”, comentó su entrevistador de trabajo. Aprovechándose de este puesto, el conde Libri vestido con una amplia capa bajo la cual ocultaba sus tesoros se introdujo en bibliotecas de toda Francia; de hecho, se dice que no sólo robó tomos completos, sino que arrancó páginas que luego exhibía o vendía. Libri fue acusado en varias ocasiones, pero las autoridades nunca las tomaron en serio, años más tarde fue condenado a diez años en prisión.
En la Edad Media y el Renacimiento el robo de libros fue una plaga, incluso el papa Benedicto XIV expidió una bula en la que condenaba con la excomunión a los ladrones de libros. De igual forma se tomaron otras medidas para resguardar los libros, en ocasiones extremas, como encadenar los libros, pero en otros lados, como bibliotecas y en los mismos libros aparecían sentencias dirigidas a los ladrones como las siguientes:
El nombre de mi dueño puedes verlo aquí,
Cuídate, entonces, de robarme a mí;
Porque si lo haces, sin dilación,
Pagarás con el cuello mi desaparición.
Mira más abajo y la imagen verás
De la horca de donde colgarás
Toma buena nota y contente,
No sea que por ese árbol ¡muy alto trepes!

Seguramente esta advertencia debió “asustar” a muchos ladrones de libros, pero en la actualidad a pesar de los sistemas tan avanzados de seguridad los libros siguen desapareciendo de las librerías y bibliotecas. Y ni que decir cuándo el mismo libro nos sugiere hacerlo, como es el curioso caso del libro de Abbie Hoffman titulado “Roba este libro” (Steal this book) publicado en 1971, y que ha ocasionado que más de una vez este libro sea realmente robado de las librerías, como sucedió en una exposición de arte moderno en Suiza donde dicho libro se encontraba en una especie de incubadora para representar la violación a la ley por parte de páginas de internet y un individuo sustrajo el libro, a pesar de ello los organizadores del evento decidieron no denunciarlo pues esperan que lo devuelva, sin embargo, el título tan sugestivo del libro ha propiciado que muchos libreros se nieguen a venderlo.

Pero no cabe duda que no es lo mismo robar un libro por el placer de poseerlo o por afición, que por dinero. En diciembre de 2005 cuatro jóvenes alrededor de los 20 años fueron condenados a más de 7 años de cárcel por robar y vender libros de la biblioteca de la Universidad de Transilvania en Kentucky. Uno de los ejemplares robados fue una primera edición de “El origen de las especies” de Charles Darwin.
Pero al fin y al cabo quiénes somos nosotros para juzgar a Libris o cualquier otro ladrón de libros que lo hiciera por devoción a ellos, quiénes no hemos tenido, aunque sea la intención, de sustraer uno de una biblioteca, a algún sujeto despistado, o de algún maestro bien intencionado, en fin, por lo menos la inquietud la hemos tenido más de una vez, y algunos han ido más allá de la intención, pero seguramente si le hubiera puesto a mis libros la leyenda con la que iniciamos y que a continuación cerrará este tema, seguramente mis libros hubieran vuelto a mí.


“Que quede paralizado y condenados todos sus miembros.
Que desfallezca de dolor, suplicando a gritos misericordia,
Y que nada alivie sus sufrimientos hasta que perezca.
Que los gusanos de los libros le roan las entrañas
Como lo hace el remordimiento que nunca cesa.
Y que cuando, finalmente, descienda al castigo eterno,
Que las llamas del infierno lo consuman para siempre”

miércoles, 18 de febrero de 2009

“Breve semblanza de José Peón Contreras: A propósito de su aniversario luctuoso”


Rosely E. Quijano León.

Una de las figuras más sobresalientes de la literatura yucateca de finales del siglo XIX es, sin duda alguna, junto con Eligio Ancona y Justo Sierra O’Relly, José Peón Contreras quien con toda una vida dividida entre su faceta de médico y de escritor falleció hace 102 años, a los 64 años de edad, el 18 de febrero de 1907. Hoy en día, sino fuera por el teatro que lleva su nombre, pasaría inadvertido este personaje que, a su manera y estilo, contribuyó a enriquecer las letras y la historiografía yucateca.
Nacido el 12 de enero de 1843 en Mérida, Yucatán, sus padres fueron don Juan Bautista Peón Cano y doña María del Pilar Contreras Elizalde. Desde pequeño mostró ser muy inteligente, pues con tan sólo 12 años de edad le otorgan el grado de Bachiller en Filosofía por la Universidad Literaria y a esa misma edad da la cátedra de dibujo lineal en el Seminario Conciliar. A los 19 años obtuvo el título de médico, se especializa en enfermedades mentales, a los 18 publica su primer poema, a los 20 años obtiene su plaza de practicante, se casa a los 23 años y a los 24 fue director del hospital de dementes de San Hipólito.
Peón Contreras, como los hombres de su época, contribuyó en varios géneros literarios, pues fue dramaturgo, poeta y novelista. Sus obras se publicaron principalmente en revistas y periódicos de la época como La Revista de Mérida, Álbum Yucateco y Artes y letras, entre otros. Su bibliografía es extensa y José Esquivel Pren la presenta en Historia de la literatura en Yucatán, Tomo III, dedicado especialmente a este autor. No obstante, el mismo Esquivel Pren menciona en su libro (de 1960) que hace falta un trabajo crítico sobre la producción literaria de Peón Contreras y más aún, una recopilación de todos sus poemas que publicaba esporádicamente en periódicos y revistas, pues se le ha dado siempre prioridad a su faceta como dramaturgo que a la de poeta y, sin embargo, tiene una extensa producción poética.
En su poesía llama la atención su empatía con lo la tendencia Neoclásica y Romántica sin llegar a ser totalmente uno ni otro. Indudablemente se nota la influencia de Zorrilla, Espronceda y Bécquer, así como de Garcilaso de la Vega. Esto último se aprecia en una égloga que tal vez es muy poco conocida (que en lo personal descubrí hace poco) que se titula Flérida y Garcilaso, publicada en 1904 en la ciudad de México, tipografía de los Sucesores de F. Díaz de León, a tres años de su muerte y la que se considera “su obra máxima que es, en realidad, una síntesis de toda su vastísima labor literaria” a decir de Esquivel Pren. Por tal motivo, a manera de ofrenda vale la pena destacar el contenido de este poema que muestra la genialidad del autor y su vasta erudición en el campo de las letras.
Esta égloga es parecida a la de Salicio y Nemoroso de Garcilaso de la Vega, sólo que aquí Peón Contreras pone como personaje a Garcilaso y aprovecha para demostrar el conocimiento que tiene sobre la vida y obra de este autor. Así inicia este poema que, al parecer, no se conserva en su totalidad, sólo los fragmentos que Esquivel Pren retoma en el libro ya mencionado:

En mil y quinientos tres
Allá en la Imperial Toledo,
Y en una cuna de flores
Que hadas y ninfas tejieron,
Abrió a la vida los ojos
Aquel que, andando los tiempos,
Siglos tras siglos sería
Gala del Parnaso Ibero (…)

A lo largo de la extensa égloga se narra la historia de amor entre los dos personajes, a la vez que aparecen otros como un cura, y un tercero en discordia que se disputara el amor de Flérida, llamado Tirreno.
La referencia a Garcilaso, a quien también le llama Salicio en el poema es interesante:

A un varonil mancebo
Que el pecho le conmueve,
Que su atención seduce,
Que el alma le sorprende,
Cautiva su albedrío
Y al verlo palidece.
_
¡Oh, amor, todo misterio!
¡Oh, amor, quién te comprende!
¡Oh, amor, quién ha sabido
Jamás lo que tú eres!

La historia de amor es por demás conocida, un amor imposible que no puede llegar a un final feliz, pero los versos dedicados al encuentro entre los dos amantes demuestran la influencia indudable de Peón Contreras:

Nada en la tierra tu hermosura iguala,
Y en gracia, hechizo y en belleza creces
Mientras más veo tu semblante puro (…)
Ya loco de placer la dicha estrecho
Que el corazón desea,
¡Ya no salgáis mis lágrimas del pecho! (…)
Bella, divina, angelical criatura,
¡Ah, dime por piedad, dime quién eres
Para que aquí fallezca de alegría! (…)
¿cómo te llamas?

A través del poema se deja ver que Flérida no sabe quién es en realidad Salicio y ella le confiesa su amor:

No te vayas, Salicio, yo te adoro.
No te apartes, Salicio, de mi lado,
Que de tu ardiente corazón de oro
Está mi corazón enamorado.
Dime qué cosa tu ilusión desea
Para que yo la busque y la consiga;
Y no te acuerdes más de Galatea. (…)
La flor que de ti sea más querida,
En tu ventana lucirá hechicera,
Cada día más pura y encendida;
Que yo seré tu eterna primavera.
Y si viene el invierno de la vida
No te cause temor, que en mi pradera
Cuando el amor es puro y es eterno
Tiene también sus flores el invierno.

Sin embargo, Flérida se entera de quién es en realidad Salicio, Garcilaso de la Vega, poeta reconocido en la época, y en ese momento ella no se cree digna de su amor y así le responde cuando se entera de su verdadera identidad:

Es inútil, señor, que tú lo quieras,
Pues te baña el esplendor de un trono,
Y no has de descender a mi humildanza
Para darme un amor que desconozco.
Tú eres grande, señor, tu claro nombre
Resonará de un polo al otro polo,
Que harás de España el porvenir glorioso (…)

En ese momento Tirreno aprovecha para seducir a Flérida, pero ésta a pesar de todo sigue enamorada de Garcilaso. Cuando decide aceptarlo se entera que él fue enviado a pelear en una guerra, pues también era soldado, y ahí culmina trágicamente esta égloga de la siguiente manera:


Detrás de un viejo tronco, en el camino
Que conduce a la torre y de ella cerca,
Con Tirreno está Flérida y tan pálida
Como el lirio que nace en la ribera.
Ella ha visto a Salicio; lo está viendo
Con la espada desnuda y la rodela,
Que va con sus infantes, los más bravos,
Valiente y decidido a la pelea.
_
Ya mira cómo traen las escaleras
Y las pegan al muro, de una de ellas
Se apodera Salicio…Es el primero
Que tramo a tramo sus peldaños trepa.
Violentos proyectiles como lluvia
Sobre su escudo rebotando suenan,
Y el corazón de Flérida oprimido
De pánico y terror palpita apenas.

Fija en Salicio la mirada atónita;
Cadáveres sangrientos la rodean…
¡Jesús! – exclama de repente- ¡Mira!
Allá arriba. ¡Por Dios! ¡Qué enorme piedra!
Vamos, Tirreno… ¡Cuídate Salicio!
De un salto solo a la muralla llega.
Oyó su voz Salicio… ¡Ya era tarde!
¡El proyectil lo hiere en la cabeza!
¡Vacila Gracilaso al rudo choque!
Las fuertes manos a la escala aprietan
Con un postrer esfuerzo de la vida,
Y aun de valor que al corazón le resta.
Ríndese el brazo al peso de la muerte;
El guerrero inmortal al polvo rueda…
Flérida lanza de su pecho un grito
¡ y se estremece de dolor la tierra!

No cabe duda, que la erudición de Peón Contreras lo llevaron a escribir esta égloga que, a mi parecer, no desmerita en nada comparada con la de Salicio y Nemoroso, e indiscutiblemente, llama la atención que un yucateco haya escrito una obra como ésta. De ahí que la importancia de recordar a este escritor ojalá vaya más allá de su nombre en un teatro y se rescate del olvido en las hojas viejas del archivo histórico de nuestro Estado.

sábado, 14 de febrero de 2009

Búsqueda espacial.

Para: Rodrigo

I

Antes de haber nacido, cuando apenas
en las galaxias era calofrío,
o sed en rotación por el vacío,
o sangre sin la cárcel de las venas;

antes de ser en túnica de arenas
un angustiado palpitar sombrío,
antes, mucho antes que este cuerpo mío
supiera de esperanzas y de penas:

ya buscaba tu nombre, tu semblante,
el disperso latir de tu vivencia,
tu mirada en las nubes esparcida;

porque, desde el asomo delirante
de mis instintos ciegos, tu existencia
era ya por mis ansias presentida.

II

¿Cuántas transmutaciones has pasado?
¿cuántos siglos de luz, cuántos colores,
nebulosas, crepúsculos y flores
para llegar a ser, has transitado?

¿En qué constelaciones has brillado?
¿Después de cuántas muertes y dolores,
de huracanes, relámpagos y albores
la forma corporal has conquistado?

No puedo concebir mi pensamiento
esa edad atmosférica que hicimos
en giratoria espera; mas yo siento

que milenios de lumbres anduvimos
esperanzados en el firmamento,
hasta unir este amor con que existimos.

Elías Nandino

sábado, 31 de enero de 2009

“La ilusión óptica en la pintura de Octavio Ocampo”


Nacido en Celaya en 1943, Octavio Ocampo es hoy en día uno de los artistas plásticos más importantes de México, pues con sus imágenes demuestra que la tecnología y programas de cómputo, tan avanzados de hoy en día, para nada han desvalorizado el arte plástico.
En el siglo XIX los pintores se vieron sumamente amenazados con la aparición de la fotografía surgiendo así, en la segunda década de ese siglo en Francia, el impresionismo cuyo objetivo era presentar la esencia de la imagen donde la luz juega un papel muy importante. Es así como los impresionistas buscan un medio para que la pintura como arte siguiera su camino y no muriera debido a la inmensa ventaja de la fotografía.
En el siglo XX sucede algo similar con los programas de cómputo que permiten distorsionar, cortar, combinar, cambiar, etc., una fotografía e imagen. No obstante, la pintura sigue siendo una de las manifestaciones artísticas más hermosas por lo que transmite a través de las líneas y el color.
Es así como en pleno siglo XXI la obra de Octavio Ocampo es un reflejo de la actualidad, pues hoy en día cómo saber qué es real si cada imagen que observamos (en la televisión, en cine, en la computadora, en revistas, etc.) esconde algo, ese algo que si miramos detenidamente podemos descubrir. Así, en las obras de Ocampo vemos dos o más perspectivas y sus cuadros son para mirar más allá de lo que nuestros ojos pueden ver. Sin duda alguna, Ocampo nos ofrece con sus cuadros un ejemplo de que la imaginación y la realidad se mezclan a la perfección; descubrir qué es una y qué es la otra no es cosa fácil, pero al fin y al cabo, la vida misma nos ofrece una realidad que en esencia no es real.

lunes, 29 de diciembre de 2008

AÑO NUEVO: PARA REFLEXIONAR


A Rodrigo.

Faltan 2 días para que se acabe el 2008 y como cada año es costumbre desearle a los familiares y amigos que el año que viene sea de muchas bendiciones, amor, paz, etc. Creo que el fin de año es buen momento para reflexionar sobre nuestro papel en este mundo y lo que hacemos por los amigos y familiares a los que les deseamos tantas cosas buenas en estas fechas. Es un buen momento también para pensar en cómo vivir esta vida, en no permitir que la rutina y las cosas negativas nos invadan y nos volvamos seres sin ninguna ilusión, sin ningún sueño. Vivimos quejándonos de todo e insultando todos los días a los conductores que se atraviesan por nuestro camino, deseando un trabajo diferentes o mejor, unos hijos que se porten bien, una esposa o esposo que no se queje por todo. Y la lista sería interminable.
Definitivamente estos días son buenos para reflexionar si así queremos seguir viviendo el siguiente año, o mejor tener una actitud positiva y dejar que las cosas malas no nos afecten. Dar gracias por lo bueno o poco que tengamos y ayudar a los que lo necesitan. Bien lo dice un proverbio que alguien a quien quiero mucho me dijo un día y he convertido en mi filosofía de vida: “Yo me quejaba de que no tenía zapatos, hasta que conocí a alguien que no tenía pies”. Creo que esta frase nos dice mucho y realmente si la analizamos bien nos damos cuenta que tenemos mucho más de lo que necesitamos, o incluso tenemos a nuestro lado algo que, en el pasado, añoramos con tantas fuerzas y con tanta fe que se convirtió en realidad y lo olvidamos.
Este año tuve la gran oportunidad de asistir a unas conferencias muy buenas y de ahí una frase se me quedó grabada que creo es muy importante. El conferencista se llama Helios Herrera, que por cierto es uno de los mejores que he escuchado, y su plática y su libro se basan en una pregunta: ¿cuántos años tienes?, pero no cuántos años cumplidos, sino cuántos años crees que te quedan de vida, esos son los años que en realidad tienes, pues como el bien dice, los ya vividos son del pasado, ni los puedes cambiar ni retroceder para volverlos a vivir, los años que realmente tienes son los que te quedan por delante, y esos nunca sabremos cuántos son. En cualquier instante, en cualquier segundo y por diversas razones podemos dejar de existir. Por eso es tan importante hacer ahora lo que deseamos, dar las gracias por lo que tenemos, dejar a un lado los rencores, corajes y el daño que algunas personas nos hacen.

Que este 2009 sea un año para cambiar nuestra forma de ver la vida y tratar de ser feliz y hacer felices a los que nos rodean.