domingo, 30 de mayo de 2010

Murió Gabriel Vargas, creador de La Familia Burrón

POr Mónica Mateos Vega.
Durante 61 años su historieta retrató la vida de las colonias populares y criticó a la clase política

Periódico La Jornada
Miércoles 26 de mayo de 2010, p. a44


Una triste noticia hizo correr ayer las de cocodrilo en la capirucha, y en especial en el callejón del Cuajo número chorrocientos chochenta y chocho: murió Gabriel Vargas Bernal, uno de los pintamonos más lumbreras, es decir, uno de los caricaturistas mexicanos más importantes del siglo XX.

El creador de la entrañable familia Burrón, un barrio y un lenguaje que retrataron la vida de las colonias populares y pobres de la ciudad de México durante 61 años, pero que, sobre todo, plasmaron una dura crítica a la clase política en el poder, falleció en su casa, acompañado de su familia, a los 95 años de edad. Sus restos serán cremados hoy a las 9 de la mañana en una agencia funeraria de las calles de Sullivan.

Nació en 1915 en Tulancingo, Hidalgo, una tierra, como él decía, “de valientes muy de a caballo, muy enamorados y muy matones”.

Debido a la muerte de su padre, a los cuatro años tuvo que abandonar el terruño para instalarse en la ciudad de México, donde su madre abrió, en la calle de Moneda, una tienda de abarrotes para dar sustento a sus 12 hijos.



Ahí forjó su gran curiosidad por los personajes que lo rodeaban y que le hicieron ganar, cuando estaba en sexto de primaria, un concurso convocado por el entonces Departamento del Distrito Federal sobre el tráfico vehicular.

Realizó a los nueve años un dibujo con más de 2 mil figuras que detallaba el bullicio de la urbe, con todo y sus tiendas, anuncios y puestos ambulantes.

Pero su mamá se opuso a esa vocación: “¡Tú no vas a ser pintamonos!”, le decía, a lo que Gabriel replicaba llorando: “Pero me gusta mucho”, recordó el dibujante en una entrevista con La Jornada en 1998.

La necesidad y el empeño fueron los factores que dieron a luz a La Familia Burrón en 1937. Los poco más de 50 personajes de la historieta y las situaciones que vivían se fueron enriqueciendo en los recorridos que el autor hizo durante años por vecindades de Tepito y Santa Julia.

El dibujante los llamó Los Burrón en alusión a esa clase trabajadora que se la pasa “como bestias todos los días; éstos son burrones, me dije”.

Los temas recurrentes de la historieta, que se publicó sin interrupción durante 61 años, vendiendo en su época de oro hasta 500 mil ejemplares semanales, siempre fueron tratados, por encima de todo, con humor, así fuera la desintegración familiar, las casas chicas, los padres borrachos, la corrupción política, la carestía, la represión o la lentitud burocrática, explica el investigador Miguel Angel Gallo en su libro Los cómics: un enfoque sociológico (Ediciones Quinto Sol).
Añade que “el lenguaje usado por el autor es riquísimo en expresiones, refranes, apodos, caló, y representa en mucho el habla popular de amplios sectores urbanos. Así, la policía recibe epítetos como tecolotes, acólitos del diablo; el pulque será tlachicotón; la pistola, matona; la bebida, infle; la cara, feis; la cabeza, la de hueso; las piernas son las de galopar; los aviones, aeroplátanos; la casa, cantón; los pesos, varos, chuchos o tepalcates”.

En 2001 Gabriel Vargas explicaba a este diario: “durante muchos años agarré a los Burrón nada más en ratitos, los tenía arrumbados y ahora son lo único que tengo, lo único que me hace vivir. En ellos seguiré contado la vida cotidiana, como siempre, pues el país sigue igual: para abajo, sólo que con más rateros y más individuos que intranquilizan a la humanidad”.

El monero sentía pudor ante los elogios de “personajes de mucha educación, como Alfonso Reyes, Carlos Monsiváis y Sergio Pitol. Me apena no haber cursado ni siquiera la secundaria. Mi sueño era hacerme médico, como mi madre quería. Por la miseria y las necesidades me dediqué a trabajar. Me aventé al puro valor mexicano. Bajo otras circunstancias, jamás me hubiera atrevido a hacer historietas; es algo que me daba mucho miedo”.

Don Gabriel, quien siempre dijo con orgullo que él era uno de los Burrones, se fue a calacas. Y dicen los enterados que hoy cierran el Rizo de Oro en su memoria. Ruperto Tacuche hizo centenares de panes para repartir en el velorio, Bella Bellota y su hijo Robertino ayudarán a repartir campechanas y otras delicias de ese buen tahonero. Mientras, el poeta Avelino Pilongano prepara un soneto, que se usará de epitafio.

sábado, 24 de abril de 2010

Motivación a la lectura desde las aulas

El área de la lectura y la literatura es inmenso, cuando se intenta hablar de este tema uno nunca sabe por dónde empezar, porque hay varios tipos de lecturas, lectores, libros, autores, editoriales, precios, intenciones y objetivos de lectura, etc. Pero la importancia de fomentar la lectura, en especial en estos tiempos, ha dado como resultado un “boom” en la información a este respecto. En las últimas décadas han proliferado los artículos, programas, congresos, encuentros académicos, etc., en torno al tema del fomento a la lectura, y la formación de lectores en especial en niños y jóvenes. Teresa Colomer incluso asegura que “en realidad todo el mundo está tan interesado en dirigirlos a la lectura utilitaria, que en Estados Unidos se llegó a poner en marcha un programa privado que pagaba dos dólares a cada alumno por libro leído”, no menciona si esto dio resultado, pero dudo que el dinero sea un medio eficaz para fomentar la lectura, sin embargo como dice Quevedo “poderoso caballero es don dinero” y ¿a poco no qué coraje? mientras nosotros tenemos que pagar para leer, ahí les pagan por leer.


Por otro lado, la información que hoy en día se tiene sobre este tema es muy amplia, pero también muy limitada en cuanto a su difusión y adquisición. Sin embargo, el sólo hecho de que se esté haciendo algo por el fomento a la lectura es ya de por sí un avance, sobre todo porque no sólo se ha logrado que el gobierno de diferentes países, incluido México, le estén dando impulso a diferentes programas con este fin, sino porque se han vuelto los ojos a todos los involucrados en este tema y que no son única y exclusivamente los docentes, a quienes por varios años se les culpó del rezago educativo y de la falta de interés de los niños y jóvenes por la lectura. Esto no es del todo mentira, en gran parte los docentes han contribuido y lo siguen haciendo a distanciar a los alumnos hacia la literatura y hacia la lectura placentera, y es que siendo realistas muchos maestros ni siquiera leen, y mucho menos saben qué es leer por placer; pero decíamos que hay otros involucrados, como los padres de familia, los bibliotecarios, los vendedores en las librerías, los estudiantes de literatura, los promotores culturales, los editores y también los propios escritores. No obstante, en esta ocasión quisiera enfocarme en el papel del maestro como principal iniciador y motivador a la lectura.
El maestro de preescolar y de primaria tiene, entre sus muchas actividades, la ardua tarea de iniciar a los niños en el conocimiento de las primeras letras, pero aún antes de eso, los involucra en el mundo de la narración a través de los cuentos que en el salón de clase relata, y es a través de esas narraciones como los niños tienen sus primeros acercamientos al mundo literario. Posteriormente el niño adquiere la capacidad de leer por su cuenta y es ahí donde el docente juega un papel muy importante como mediador entre el niño y la lectura, porque mucho depende de los libros y las lecturas que el maestro proporcione a sus alumnos y del acervo con que éste cuente en su biblioteca en el aula, pero también el tiempo que le dedique a la lectura en el salón, el entusiasmo con que él lea y les contagie ese gusto por la lectura. Muchos son los factores que influyen, pero no cabe duda que esta etapa es crucial para la iniciación a la lectura porque de alguna u otra manera marca una gran diferencia entre el gusto o el rechazo por ella.
Posteriormente en la secundaria el papel de motivador de la lectura se le delega, por lo general, única y exclusivamente al maestro de Español y en el bachillerato a los de Literatura, como si la lectura fuera una actividad exclusiva de estas dos asignaturas y como si no beneficiara la capacidad cognitiva del alumno en todos los niveles. Sin embargo, dejando a un lado la apatía y falta de interés de docentes de otras áreas mejor centrémonos en la del propio profesor de literatura o Español, porque en muchas ocasiones el verdadero problema reside en ellos y no tanto en los alumnos; una posición cómoda o justificadora es decir “los alumnos no leen, son flojos y con la tecnología de hoy en día es mucho más difícil que lean, son un caso perdido”, hasta llegan afirmar algunos profesores, lo anterior es una forma de negar no sólo la capacidad de los alumnos, sino la del mismo profesor para incentivar y motivar al alumno a la lectura. Es verdad que no todos terminarán siendo asiduos lectores, pero si no se hace ni siquiera el intento y se parte de ideas o creencias pesimistas, el resultado por lo tanto, no puede ser otro.
Regresando al papel del profesor de literatura notamos que muy pocos de ellos se preocupan por actualizar sus lecturas, conocer más y adentrarse aun más en el vasto mundo literario, porque las lecturas son infinitas, no se trata de que lo sepa todo, pero tampoco que sólo conozca lo básico y de a leer únicamente lo que él conoce (que por lo general son sólo algunos de los textos clásicos) negando el otro universo de posibilidades que existen. Hoy en día con las Reformas en boga en la educación en todos los niveles, entre otras muchas características, un maestro competente debe “Incorporar nuevos conocimientos y experiencias al acervo con el que cuenta y traducirlos en estrategias de enseñanza y de aprendizaje”. En el área de literatura Rosenblatt afirma que “el docente realmente interesado en ayudar a sus alumnos a desarrollar un sentido vital de la literatura no puede, entonces, manejar fijos los ojos sólo en los materiales literarios que está tratando de ofrecerles” porque la personalidad de los alumnos es diversa, también sus gustos, motivaciones, aspiraciones y horizonte de expectativas; en especial para el lector adolescente, el deseo de comprenderse a sí mismo y de aprender sobre la gente, brinda una importante vía hacia la literatura, afirma Rosenblatt.
Por muchos años la enseñanza de la literatura estuvo limitada únicamente a la memorización de listas interminables de autores y obras representativas, así como de corrientes literarias y demás conceptos que no llevaban a nada más que al aborrecimiento de la disciplina literaria, porque muy pocas veces se tenía el acercamiento con el texto, por ello en las últimas décadas se ha llegado a la conclusión en materia de didáctica de la literatura que “todo el conocimiento que tenga el estudiante sobre historia de la literatura, sobre autores, épocas, periodos y tipos literarios, será una carga inútil si no se lo ha llevado primordialmente a buscar en la literatura una experiencia personal vital”. De ahí los nuevos enfoques basados en la teoría de la Recepción que se han trasladado hasta las sesiones literarias donde se presta mayor importancia al lector y no tanto al acumulamiento de información sobre el texto y el autor, este cambio de paradigma sin embargo, es poco conocido en México, mientras que en España los estudios en torno a didáctica de la literatura tienen un auge y prestigio muy elevado. De ahí que todavía tengamos en las aulas al profesor de literatura que satura a sus alumnos con información y datos sin acercarlos al texto en sí y a la activación del intertexto lector, a decir de Antonio Mendoza Fillola, que debe ser la finalidad de la lectura.
Para lograr esa empatía entre texto-alumno el profesor debe elegir textos adecuados y amenos para cumplir ese objetivo, por lo menos en los inicios, porque comenzar con una lectura de los clásicos, pienso que no sería la mejor opción si lo que se pretende es buscar lectores; seguramente más adelante, una vez enganchado al alumno-lector entonces los textos canónicos entrarán al aula con una mejor facilidad, pues muchas veces, como afirma Teresa Colomer, los profesores “culpabilizados y perplejos, coinciden en identificar la nueva situación (de la lectura) con una especia de barbarie en la que sus alumnos, sumergidos en las nuevas formas de cultura, se mantienen indiferentes al mensaje estético de la literatura canónica”.
La posición del docente de literatura a la hora de elegir que texto sí y cuál no, de ninguna manera es una tarea fácil, porque no sólo implica el conocimiento del mismo sobre los textos, sino que “esta necesidad de seleccionar de la literatura en su conjunto aquellas obras a las que se mostrarán más receptivos determinados alumnos, implica un conocimiento no sólo de la literatura sino de los estudiantes” (Rosenblett)
Definitivamente el papel del profesor de literatura no es nada sencillo ni cómodo como muchos piensan, porque se desprestigia y minimiza la labor de éste, incluso en muchas ocasiones, más de las que pensamos, la preparación profesional del profesor de literatura suele tener poca relación con las condiciones reales en el salón de clase, o peor aún, poca relación con el área de las letras; esto sucede por lo general como en el caso de Yucatán donde sólo hasta hace algunos años comenzaron a egresar alumnos de las licenciaturas en literatura o carreras afines, que si bien no necesariamente tienen una preparación pedagógica, sí tienen los conocimientos necesarios de la importancia de la lectura y la apreciación del texto literario. De ahí que tengamos a abogados, médicos, economistas, etc., como docentes de la materia, costumbre que no es del todo disparatada si pensamos que deviene de siglos atrás cuando la mayoría de los escritores o eran abogados o médicos por ser las únicas carreras que se podían cursar y que tampoco significa que sean malos maestros, pero la diferencia la hace, en definitiva la actitud del profesor y su propia motivación.
Para finalizar quisiera enfatizar que el éxito o fracaso del fomento a la lectura no recae en una sola persona, institución, programa, libro o autor, sino que son varios factores los que se involucran y tampoco creo que existen fracasos, simplemente hay ideas o propuestas que funcionan en determinados contextos y en otros no y lo que hay que hacer es buscar otros caminos o vía,s pero el fin que se persigue es el mismo, lo importante es hacer algo por muy ambicioso o pequeño que parezca, para atrapar lectores desde el salón de clases. No se trata tampoco de satanizar o idealizar la figura del docente de literatura, pero sí estar conscientes que tiene que darse el cambio en cuanto a didáctica de la literatura se refiere, las ideas, propuestas, teorías están ahí, hay que acercarse a ellas y llevarlas a las aulas, seguramente los resultados serán alentadores para maestros y alumnos porque la lectura la definió perfectamente Mariana Bernárdez cuando dijo que ha que: “Leer para bailar con el pensamiento, leer para lograr horizonte en el alma, para vivir a tiempo en el tiempo, leer para escribirnos, para no mentir sobre lo que se mira, leer para transparentar el ánima y ser más libres, y siendo libres ser más verdaderos”.

Texto leído: En el marco del día internacional del libro en la librería Educal.

viernes, 29 de enero de 2010

LECTURA

Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía.

John Fitzgerald Kennedy

miércoles, 13 de enero de 2010

FOMENTO A LA LECTURA EN EL AULA

La lectura de novelas como parte del programa de la asignatura Literatura II resultó una de las actividades más productivas en este curso. Una de las principales preocupaciones de la didáctica de la literatura actual es que los jóvenes no sólo se acerquen más a la lectura sino también que sean capaces de convertir lo que leen en algo productivo y significativo en su vida cotidiana. Así que este año los alumnos de tercer semestre leyeron diferentes novelas de distintas épocas y géneros mismas que ellos seleccionaron, y como actividad adicional al análisis que realizaron se les pidió elaborar una reseña sobre el libro y diseñar una portada o cartel virtual, aquí algunos de los trabajos más represetativos.
"En la lectura las fronteras etéreas se diluyen" (María Colasanti)









sábado, 9 de enero de 2010

A LOS DIPUTADOS

Con el incremento en los precios de prácticamente todo lo que consumimos y el coraje que muchos seguramente hemos hecho en estos primeros días del año, me acordé de un poema que nos dio a leer un maestro en la Normal muy ad hoc. Creo que Renato Leduc pudo reflejar en un poema titulado “El diputado” todo lo que pensamos de ellos. Lo que a mí me preocupa es la falta de ética de estos señores que creo que no les pasa nunca por la mente cuánta gente gana un salario mínimo, vive en condiciones deplorables mientras ellos se dan la gran vida. En fin, una vez compruebo que la literatura es el mejor medio para expresar lo que pocas veces nos atrevemos a decir.


El diputado

Con la boca reseca, reseca
y el cabello erizado, erizado...
corretea de la ceca a la meca
el presunto señor diputado.
-
Trasudando sufragio-efectivo
caga sangre el señor diputado
al pensar que pudiese algún vivo
comerle el mandado...
-
Ya en la paz del Congreso descansa
triunfador el señor diputado
bien repleto el bolillo y la panza
y en la boca fruncida, un candado.

Renato Leduc

lunes, 30 de noviembre de 2009

“ IGNACIO TREJO FUENTES: EL COMPROMISO DEL ESCRITOR”


Si de por sí ser escritor es sumamente complejo, ser además periodista y profesor no ha de ser nada fácil, aunque las tres profesiones mantienen una relación muy estrecha. Este es el caso del escritor Ignacio Trejo Fuentes nacido en Pachuca, Hidalgo en 1955, quien es licenciado en Periodismo y Comunicación por la UNAM, maestro en Letras por la New Mexico State University y se ha dedicado a la docencia en literatura y periodismo en la UAM, UNAM y en la Universidad Iberoamericana.
Afirma que se volvió escritor “para concretar dos consignas: una de Gabriel García Márquez, otra de José Alfredo Jiménez. 1) para que me quieran; 2) para hacer feliz a la gente con una mentira. ¡Ah!, y una tercera: para tener toneladas de amigos”.
Su obra es bastante polifacética pues abarca diversos géneros literarios y periodísticos, además de incursionar también en la crítica literaria con algunos libros como “Segunda Voz”, “Faros y Sirenas” y “De acá de este lado”; éste último es una aproximación a la literatura chicana. También es autor de diversas reseñas y crónicas como “Loquitas pintadas” y “Crónicas romanas”.
En la narrativa ha escrito cuentos y novelas, que se caracterizan porque emplea el recurso de la ironía para atrapar a sus lectores quienes, al leer su obra, nos damos cuenta que hemos sido víctimas de la ironía literaria. “No me gustan las historias de amor, sino las que desgastan al lector”, afirma. Por otro lado, también se aprecia en algunos de sus textos una fuerte relación con la música y la literatura. Tiene un libro de cuentos titulado “Tu párvula boca” y sobresalen además los relatos “Vestido de novia”, “Los bostezantes” y “Ternura familiar”. Sus novelas con títulos sugestivos son “El vaquero más auténtico que existió” del 2006, y “Hace un mes que no baila el muñeco” publicada en 1999, de la cual él mismo afirma haber tomado el título de un son montuno cubano. Esta novela ha sido íntegramente incluida en el libro de texto de bachillerato “Literatura I” de la editorial ST con el fin de que los alumnos se adentren en el tema de la novela.
La mayoría de los textos de este autor están dirigidos a adolescentes y, como profesor, se ha dado a la tarea de fomentar la lectura en niños y jóvenes. Admite que lo único que no escribe es poesía “porque es para adultos” y enfatiza su preocupación constante no sólo con la falta de lectores en el país, sino también con la ausencia cada vez mayor de visitantes a las bibliotecas públicas, pues dice que “de cada diez mexicanos siete jamás han entrado a una biblioteca. Es inexplicable, se debe a muchos motivos, pero es triste”, afirma.
Periodista, escritor, tallerista y promotor cultural y de la lectura, este autor demuestra que, pese a lo que algunos opinen, la labor de los escritores también debe ser fomentar la lectura, pues el compromiso como tal, afirma Trejo Fuentes, incluye también “dedicarse a hablar de libros, difundirlos, escribirlos, editarlos y dárselos a los jóvenes para que los lean”.