sábado, 22 de septiembre de 2012
Yucateca destaca en premio de promoción a la lectura
La yucateca Rosely Quijano León obtuvo una mención honorífica del Premio al Fomento a la Lectura "México Lee 2012".
La Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán envió una felicitación a la Mediadora de Salas de Lectura de Yucatán, quien presentó un proyecto para promover este hábito entre la sociedad.
De acuerdo a la información oficial, su labor incluye el acercamiento a los libros a través de la imaginación y la creatividad literaria en adolescentes y jóvenes del Cobay de Kanasín.
De acuerdo al blog de la ganadora, es licenciada en Ciencias Antropológicas con Especialidad en Linguística y Literatura, tiene un diplomado en Estrategias de redacción y tiene estudios de maestría.
Publicado el 20/09/2012 en http://www.unionyucatan.mx/article/yucateca-destaca-en-premio-de-promocion-la-lectura
domingo, 29 de abril de 2012
SIMONE DE BEAUVOIR: UN VIAJE DE PLACER
Huellas de Francia en Yucatán
Simone de Beauvoir, un viaje de placer
Durante el gobierno de Salvador Alvarado se llevó a cabo en Yucatán el Primer Congreso Feminista de México y el segundo de Latinoamérica. Con el lema: Para que puedan formarse generaciones libres y fuertes es necesario que las mujeres obtengan un estado jurídico que las enaltezca, se convocó a ese primer Congreso, inaugurado el 13 de enero de 1916 en el Peón Contreras, con un comité organizador encabezado por Consuelo Zavala.
Durante el Congreso se presentaron opiniones encontradas en torno al papel de la mujer en la sociedad; el mismo Alvarado no se mostró satisfecho con los resultados, porque el tema del derecho a voto de la mujer no se consolidó.
No obstante, este Primer Congreso Feminista marcó la pauta para realizar un Segundo Congreso, de carácter nacional, con el tema del derecho al voto en la mujer y obtuvo mejores resultados que el anterior. Sin embargo, sabemos que este derecho como tal fue otorgado a las mujeres mexicanas hasta 1953. Definitivamente, estos dos congresos marcaron la pauta de la liberación de la mujer en nuestro país y los primeros brotes del feminismo en el Estado.
Tan sólo ocho años atrás, en 1908, al otro lado del mundo, en París, nació quien años más tarde sería la principal figura del feminismo en el siglo XX, Simone de Beauvoir. La novelista francesa influyó en la filosofía con ideas que plasmó en varias de sus obras autobiográficas, entre las cuales destaca La ceremonia del adiós, donde evoca los últimos días de la vida de Jean Paul Sartre, su pareja por varios años, y en la que plasma reflexiones acerca de la muerte.
La relación que perduró casi treinta años entre la escritora y el filósofo, estaba fuera de todos los convencionalismos de la época, ya que acordaron que su amor sería absoluto, de manera que su mayor valor fuese la libertad, incluso sexual, por lo que no deben extrañar las relaciones que ambos mantuvieran con otras personas.
Invitada como profesora, en 1947 Simone de Beauvoir llegó a Nueva York y en Chicago conoció al escritor norteamericano Nelson Algren con quien sostuvo un romance que desemboca en una larga correspondencia por parte de ella, con más de 304 cartas, publicadas posteriormente en 1999, bajo el título de Cartas a Nelson Algren. Sus páginas aluden a un viaje que emprendieron a lo largo de México y Centroamérica y cuyas impresiones quedarán plasmadas en su novela Los mandarines, por la cual obtuvo el premio Goncourt.
A principios de mayo de 1948 la pareja comienza su viaje por varios lugares de Estados Unidos hasta que abordan un avión de Nueva Orleáns que los lleva directamente a Mérida.
En una carta dirigida a Sartre narra sus impresiones de este lugar y comenta que: “le gusta que Mérida no acuse influjo estadounidense. Le gustan los flamboyanes, las nubes suntuosas, la frescura de las palmeras y la brevedad de las lluvias. Dan un largo paseo en calesa y asisten a una pelea de box, afición de Algren”.
Se dice que también visitaron Uxmal y Chichén Itzá, cuyos templos y pirámides les asombran. Parten a Guatemala y regresan a la Ciudad de México, donde visitan otros estados.
En una de las cartas donde narra sus experiencias de este viaje, comenta a Sartre: “Esperaba poco de México, pero es mejor de lo que imaginaba”. Este viaje de Simone de Beauvoir a México, además de placentero, como ella misma expresa en sus cartas, sirvió de inspiración para su novela Los mandarines, a pesar del enojo de Algren al verse reflejado en el personaje de Lewis Brogan, pero también para darse cuenta de que no podía dejar de regresar inevitablemente a los brazos de Sartre.
La pareja vuelve a reencontrarse y separarse en diferentes ocasiones. En 1949 ella publica el libro que más repercusión ha tenido, en especial para el feminismo, El segundo sexo. Afortunadamente la visita de la escritora a Yucatán quedó registrado no sólo en las cartas y las novelas inspiradas en esta tórrida relación y este viaje placentero, sino también en el diario de viaje que redactaran juntos y que hoy en día se encuentra en la Universidad Estatal de Ohio. Y si bien sólo visitó Simone de Beauvoir Yucatán en un viaje de verdadero placer, la huella que han dejado sus letras y su imagen misma, siguen vigentes y sigue siendo tan revitalizante para las mujeres yucatecas lectoras de hoy en día, como quizás lo fue años antes el Congreso Feminista al que convocó Alvarado.
Referencia:
Vargas, Rafael (2008) "Simone de Beauvoir y su viaje a México". En Revista "Proceso".
Publicado en Periódico Por ESto! Viernes 27 de abril de 2012
sábado, 24 de marzo de 2012
LA POESÍA: ESPACIO ÍNTIMO ENTRE LAS LETRAS Y LOS JÓVENES
La juventud, la adolescencia, esa etapa de la vida por la que algunos ya hemos pasado y otros apenas están entrando es, a mi parecer, una de las mejores etapas para adentrarse en la lectura literaria y, en específico, de la poesía, porque es el período de la incomprensión, la soledad, el aislamiento, la rebeldía; y la lectura literaria ¿no es acaso una de las mejores vías o caminos de escape por medio del cual el deseoso y el radical pueden huir o evadirse? , “leer en la adolescencia puede ser bueno, o más que eso, puede ser un refugio” .
La poesía, en particular, como menciona Carmen Barrientos, “nos abre a la recepción estética, entendida ésta como una experiencia gratificante, estrechamente vinculada a la belleza del lenguaje, que tiene como fundamento la construcción de sentido” , de ahí la importancia que radica en la didáctica de la poesía, porque como sabemos es en la escuela donde, por lo general, se brindan los primeros acercamientos a la producción literaria y poética concretamente, muchas veces la falta de una adecuada planeación o proyección puede resultar caótico para los alumnos que se sienten imposibilitados para acceder al mensaje del texto poético, esto por supuesto, sucede cuando el profesor desconoce tanto la producción poética como el interés y el nivel de comprensión de sus alumnos. La poesía cuando es presentada como primera instancia como un texto donde la función poética y estética están claramente reflejadas, pero que para el alumno-receptor es un texto incomprensible, lo único que resulta es una frustración de ambos partes, del alumno por no lograr “captar” esa belleza estética y el mensaje del que tanto énfasis pone el profesor o el libro de texto y, por supuesto, del profesor ante la mirada impávida de los alumnos que no logran captar lo bellamente plasmado en ese poema, y, tal vez, un tercer frustrado, podría ser el autor porque tal vez su texto no ha sido conducido de la manera más adecuada, pero lo bueno es que éste último difícilmente se entere, así que la frustración se queda en el aula, pero en realidad no, va más allá, porque ese alumno ya no verá en la poesía una posibilidad de refugio, de inspiración , de desahogo y posibles opciones de lectura. La poesía, como toda la literatura contiene una amplia gama de diferentes tipos, temas, sensaciones, palabras, ideas, que si no es presentada de una manera adecuada se convierte para el adolescente en algo lejano, en el texto inaccesible que se lee por obligación y que nunca se busca para leer en soledad. Más que enseñanza de la poesía, la escuela debe ser un acercamiento a ella, el profesor debe ser más un mediador o especie de cómplice o Celestino entre el texto poético y el adolescente, pensando siempre en las palabras de Andreu Martin que nos dice: “Todo texto tiene un mensaje, tanto si queremos dárselo como si no, y cuando nos dirigimos a los jóvenes debemos ser conscientes de que, además de enseñarles a disfrutar leyendo, también les estamos enseñando a disfrutar pensando y a disfrutar sintiendo, que son consecuencias inseparables de la lectura, y hay que vigilar qué pensamientos y sentimientos les transmitimos” . De tal forma que la lectura de poesía se convierte en una actividad lúdica y fascinante si, por ejemplo, se elige el texto adecuado, se lee en voz alta o se apoyan de los medios audiovisuales a los que fácilmente podemos acceder hoy en día, la poesía tiene la magia de que entra por los ojos y los oídos y sus letras melodiosas impactan, en definitiva en el receptor-oyente. De ahí, el alumno seguramente pasará a la lectura en silencio, la que le aporta otros momentos, otros sentimientos, la que él mismo busca como una especie de refugio, el poema puede convertirse en el aliado del incomprendido, del solitario, del despechado, del melancólico, y de casi todos los adolescentes que están pasando por “una edad a flor de piel” tal y como titula Marina Colasanti un estudio sobre la lectura en los jóvenes y donde nos dice: “El adolescente es criatura de dos cabezas, oficialmente autorizada a ser niño adulto y niño al mismo tiempo. Y busca ferozmente la individualidad, lucha para insertarse en el colectivo” .

El papel del profesor de mediar entre el poema y el adolescente no es tarea fácil pero sí muy estimulante y placentera, los jóvenes son por excelencia creativos, dinámicos y críticos, por lo tanto, no sería justo dejarlos únicamente con la lectura del texto poético sin, obviamente, motivarlos a escribir los propios, teniendo siempre plena conciencia que el objetivo no es formar poetas ni escritores, sino simplemente jóvenes que expresan con un lenguaje poético sus emociones, sentimientos, preocupaciones, y a esa edad sorprende ver de lo que son capaces, sorprende porque realmente para ellos encontrar un medio por el cual pueden escribir libremente, sin censuras, sobre lo que sienten, se convierte en un catalizador de las emociones propias y ajenas, resultan muchas veces poemas super cursis y plagados de imágenes simples y lugares comunes, pero no hay que olvidar que son jóvenes, pero también surgen textos que plasman o se acercan mucho más al ideal poético, a lo estético, que brillan entre los otros poemas y se hacen únicos y apreciables por todos. La experiencia en el aula es siempre motivadora y estimulante, sentirse creadores de un texto hace a cualquiera sentirse especial, en la niñez, en la adolescencia y hasta de adulto, por lo tanto, la función del profesor nunca es desestimar los trabajos por buenos o malos que sean, esa es tarea tal vez del tallerista, del oficio formal de escritor y de otros, pero en el aula se estimula a todo aquél que fue capaz de expresarse, de desarrollar su competencia literaria a través de un texto poético que tiene implícito algo muy personal, y de una edad muy particular.

Por último, quisiera compartir una experiencia didáctica que para mí ha resultado más que motivante y placentera, en bachillerato en el cuarto semestre en el programa de Literatura II, se aborda el género lírico y se trabaja con el paradigma de las competencias, en este caso, se busca desarrollar su competencia literaria, así que una dinámica interesante como proyecto, porque en el marco de la Reforma Integral de la Educación en el nivel Medio Superior, se trabaja primordialmente con proyectos, los alumnos han realizado uno que denomino “Mi antología poética” que consiste en que ellos elijan primeramente un tema de su interés, casi siempre elijen el amor, pero también han elegido temas como la vida y la muerte, la naturaleza, lo gótico, los ángeles, el mundo fantástico, vampiros, lo religioso, entre otros, y ellos deben buscar poemas que aborden esa temática, así realizan su antología y al final, incluyen un poema de su propia autoría, realizan una edición de un pequeño libro artesanal que se convierte no sólo en su “tarea” o proyecto, sino en algo muy personal porque son los poemas que ellos han elegido por su gusto y por el placer que les causa leerlos, han puesto de sí al crear su propio poema inspirados por la lectura de los que eligieron para incluir en su antología y además el toque personal al crear su libro-antología artesanal. Todo esto desemboca en un producto invaluable que va más allá de los puntos que pudiera y se deben asignar a un trabajo tan personal que la mayoría conserva como esa manera de apropiación de un libro-objeto en el que participaste activamente en su elaboración. La literatura conlleva, como dice Graciela Montes, tres fantasmas que son “especialmente poderosos y devoradores: la escolarización, la frivolidad y el mercado”, la escuela o más bien los procesos escolares, como la calificación, no encajan con transmitir el placer de la lectura, con la subjetividad de la misma, sin embargo, este tipo de dinámicas significativas acercan al alumno a la poesía y a la lectura, el destello de una palabra se hace evidente cuando el alumno disfruta la lectura poética, el placer de leer, pero también el placer de escribir.
La poesía que ha estado desde siempre presente en nuestras vidas, que nos hace más llevadera la cotidianidad, la rutina, nuestros días tristes y nuestros momentos alegres, es precisamente en ella donde se encuentra un espacio íntimo entre las letras y los jóvenes. Termino citando las palabras de una alumna en el prólogo de su antología, y ella dice: “cada persona toma a la poesía como si fuera a transmitirlo a un hermoso lugar en donde todos podamos vivir con más tranquilidad, donde podamos expresar lo que sentimos, y es por eso que es mucho mejor escribirlo en el mundo de la poesía”, esto es, sin duda, el reflejo de un lector que va creciendo, uno de esos lectores perdurables y perturbadores que hace que la escritura, que la literatura y la poesía, valgan la pena .
REFERENCIAS:
-Barrientos, Carmen;1999. “Claves para una didáctica de la poesía”. En La poesía en el aula. Revista Textos. #21, julio.
-Colasanti, Marina;2004. “Una edad a flor de piel”. CONACULTA.
-Huerta, David;2005. “La lectura, los niños, los poemas y los muertos”. CONACULTA.
-Martín, Andreu;2004. “¿Por qué literatura para adolescentes?.CONACULTA.
-Montes, Graciela; 2001. La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético. FCE.
Texto leído el 22 de Marzo de 2012 en el Marco de la Celebración del día Mundial de la Poesía, celebrado en la Facultad de Ciencias antropológicas de la UADY.
La poesía, en particular, como menciona Carmen Barrientos, “nos abre a la recepción estética, entendida ésta como una experiencia gratificante, estrechamente vinculada a la belleza del lenguaje, que tiene como fundamento la construcción de sentido” , de ahí la importancia que radica en la didáctica de la poesía, porque como sabemos es en la escuela donde, por lo general, se brindan los primeros acercamientos a la producción literaria y poética concretamente, muchas veces la falta de una adecuada planeación o proyección puede resultar caótico para los alumnos que se sienten imposibilitados para acceder al mensaje del texto poético, esto por supuesto, sucede cuando el profesor desconoce tanto la producción poética como el interés y el nivel de comprensión de sus alumnos. La poesía cuando es presentada como primera instancia como un texto donde la función poética y estética están claramente reflejadas, pero que para el alumno-receptor es un texto incomprensible, lo único que resulta es una frustración de ambos partes, del alumno por no lograr “captar” esa belleza estética y el mensaje del que tanto énfasis pone el profesor o el libro de texto y, por supuesto, del profesor ante la mirada impávida de los alumnos que no logran captar lo bellamente plasmado en ese poema, y, tal vez, un tercer frustrado, podría ser el autor porque tal vez su texto no ha sido conducido de la manera más adecuada, pero lo bueno es que éste último difícilmente se entere, así que la frustración se queda en el aula, pero en realidad no, va más allá, porque ese alumno ya no verá en la poesía una posibilidad de refugio, de inspiración , de desahogo y posibles opciones de lectura. La poesía, como toda la literatura contiene una amplia gama de diferentes tipos, temas, sensaciones, palabras, ideas, que si no es presentada de una manera adecuada se convierte para el adolescente en algo lejano, en el texto inaccesible que se lee por obligación y que nunca se busca para leer en soledad. Más que enseñanza de la poesía, la escuela debe ser un acercamiento a ella, el profesor debe ser más un mediador o especie de cómplice o Celestino entre el texto poético y el adolescente, pensando siempre en las palabras de Andreu Martin que nos dice: “Todo texto tiene un mensaje, tanto si queremos dárselo como si no, y cuando nos dirigimos a los jóvenes debemos ser conscientes de que, además de enseñarles a disfrutar leyendo, también les estamos enseñando a disfrutar pensando y a disfrutar sintiendo, que son consecuencias inseparables de la lectura, y hay que vigilar qué pensamientos y sentimientos les transmitimos” . De tal forma que la lectura de poesía se convierte en una actividad lúdica y fascinante si, por ejemplo, se elige el texto adecuado, se lee en voz alta o se apoyan de los medios audiovisuales a los que fácilmente podemos acceder hoy en día, la poesía tiene la magia de que entra por los ojos y los oídos y sus letras melodiosas impactan, en definitiva en el receptor-oyente. De ahí, el alumno seguramente pasará a la lectura en silencio, la que le aporta otros momentos, otros sentimientos, la que él mismo busca como una especie de refugio, el poema puede convertirse en el aliado del incomprendido, del solitario, del despechado, del melancólico, y de casi todos los adolescentes que están pasando por “una edad a flor de piel” tal y como titula Marina Colasanti un estudio sobre la lectura en los jóvenes y donde nos dice: “El adolescente es criatura de dos cabezas, oficialmente autorizada a ser niño adulto y niño al mismo tiempo. Y busca ferozmente la individualidad, lucha para insertarse en el colectivo” .

El papel del profesor de mediar entre el poema y el adolescente no es tarea fácil pero sí muy estimulante y placentera, los jóvenes son por excelencia creativos, dinámicos y críticos, por lo tanto, no sería justo dejarlos únicamente con la lectura del texto poético sin, obviamente, motivarlos a escribir los propios, teniendo siempre plena conciencia que el objetivo no es formar poetas ni escritores, sino simplemente jóvenes que expresan con un lenguaje poético sus emociones, sentimientos, preocupaciones, y a esa edad sorprende ver de lo que son capaces, sorprende porque realmente para ellos encontrar un medio por el cual pueden escribir libremente, sin censuras, sobre lo que sienten, se convierte en un catalizador de las emociones propias y ajenas, resultan muchas veces poemas super cursis y plagados de imágenes simples y lugares comunes, pero no hay que olvidar que son jóvenes, pero también surgen textos que plasman o se acercan mucho más al ideal poético, a lo estético, que brillan entre los otros poemas y se hacen únicos y apreciables por todos. La experiencia en el aula es siempre motivadora y estimulante, sentirse creadores de un texto hace a cualquiera sentirse especial, en la niñez, en la adolescencia y hasta de adulto, por lo tanto, la función del profesor nunca es desestimar los trabajos por buenos o malos que sean, esa es tarea tal vez del tallerista, del oficio formal de escritor y de otros, pero en el aula se estimula a todo aquél que fue capaz de expresarse, de desarrollar su competencia literaria a través de un texto poético que tiene implícito algo muy personal, y de una edad muy particular.

Por último, quisiera compartir una experiencia didáctica que para mí ha resultado más que motivante y placentera, en bachillerato en el cuarto semestre en el programa de Literatura II, se aborda el género lírico y se trabaja con el paradigma de las competencias, en este caso, se busca desarrollar su competencia literaria, así que una dinámica interesante como proyecto, porque en el marco de la Reforma Integral de la Educación en el nivel Medio Superior, se trabaja primordialmente con proyectos, los alumnos han realizado uno que denomino “Mi antología poética” que consiste en que ellos elijan primeramente un tema de su interés, casi siempre elijen el amor, pero también han elegido temas como la vida y la muerte, la naturaleza, lo gótico, los ángeles, el mundo fantástico, vampiros, lo religioso, entre otros, y ellos deben buscar poemas que aborden esa temática, así realizan su antología y al final, incluyen un poema de su propia autoría, realizan una edición de un pequeño libro artesanal que se convierte no sólo en su “tarea” o proyecto, sino en algo muy personal porque son los poemas que ellos han elegido por su gusto y por el placer que les causa leerlos, han puesto de sí al crear su propio poema inspirados por la lectura de los que eligieron para incluir en su antología y además el toque personal al crear su libro-antología artesanal. Todo esto desemboca en un producto invaluable que va más allá de los puntos que pudiera y se deben asignar a un trabajo tan personal que la mayoría conserva como esa manera de apropiación de un libro-objeto en el que participaste activamente en su elaboración. La literatura conlleva, como dice Graciela Montes, tres fantasmas que son “especialmente poderosos y devoradores: la escolarización, la frivolidad y el mercado”, la escuela o más bien los procesos escolares, como la calificación, no encajan con transmitir el placer de la lectura, con la subjetividad de la misma, sin embargo, este tipo de dinámicas significativas acercan al alumno a la poesía y a la lectura, el destello de una palabra se hace evidente cuando el alumno disfruta la lectura poética, el placer de leer, pero también el placer de escribir.
La poesía que ha estado desde siempre presente en nuestras vidas, que nos hace más llevadera la cotidianidad, la rutina, nuestros días tristes y nuestros momentos alegres, es precisamente en ella donde se encuentra un espacio íntimo entre las letras y los jóvenes. Termino citando las palabras de una alumna en el prólogo de su antología, y ella dice: “cada persona toma a la poesía como si fuera a transmitirlo a un hermoso lugar en donde todos podamos vivir con más tranquilidad, donde podamos expresar lo que sentimos, y es por eso que es mucho mejor escribirlo en el mundo de la poesía”, esto es, sin duda, el reflejo de un lector que va creciendo, uno de esos lectores perdurables y perturbadores que hace que la escritura, que la literatura y la poesía, valgan la pena .
REFERENCIAS:
-Barrientos, Carmen;1999. “Claves para una didáctica de la poesía”. En La poesía en el aula. Revista Textos. #21, julio.
-Colasanti, Marina;2004. “Una edad a flor de piel”. CONACULTA.
-Huerta, David;2005. “La lectura, los niños, los poemas y los muertos”. CONACULTA.
-Martín, Andreu;2004. “¿Por qué literatura para adolescentes?.CONACULTA.
-Montes, Graciela; 2001. La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético. FCE.
Texto leído el 22 de Marzo de 2012 en el Marco de la Celebración del día Mundial de la Poesía, celebrado en la Facultad de Ciencias antropológicas de la UADY.
martes, 6 de marzo de 2012
miércoles, 4 de enero de 2012
GONZALO ANTONIO GUTIÉRREZ AGUILAR
Nació el 12 de junio de 1935 en la ciudad y puerto de Progreso donde realizó sus estudios iniciales En 1955 decide ingresar a estudiar la carrera de medicina en la ciudad de Mérida, la cual abandona para ingresar a la UNAM donde después de varios incidentes logra inscribirse a la carrera de odontología, misma que abandona al año siguiente al darse cuenta que no era su verdadera vocación. En 1958 regresa a la ciudad de Mérida y ante la insistencia de sus padres por definir su situación decide, en primera instancia, irse a trabajar a Estados Unidos, sin embargo este intento fracasa y toma la decisión de regresar a la ciudad de México para trabajar de maestro. En febrero de 1959 realiza toda serie de gestiones para ser admitido como profesor, oportunidad que le brinda el profesor Edmundo Villalva Rodríguez, quien lo propone como maestro para una plaza vacante. Así, en marzo de 1959 viaja a San Juan Ixcaquistla, Puebla, lugar donde inicia su profesión de maestro, ahí le es asignada una plaza en la secundaria General “Rafael Ávila Camacho”. En 1959 ingresa a la Escuela Normal Superior de México para estudiar la carrera de profesor de Lengua y Literatura Españolas.

Por problemas familiares se ve en la necesidad de regresar a Progreso, Yucatán de emergencia y tiene que abandonar su anterior escuela, sin embargo, con ayuda de maestros y del propio sindicato le proponen la dirección de la Secundaria Federal de Hopelchén, Campeche, cargo que ocupa a partir de octubre de 1968. Al poco tiempo, en 1970, le notifican que es candidato a ocupar en Mérida, Yucatán la subdirección de la Secundaria Federal # 1 “Santiago Burgos Brito”, del turno vespertino, de la cual fungió también como director por varios años.
En 1978, junto con algunos amigos, el apoyo de las secundarias federales de Mérida y el entonces gobernador interino Víctor Cervera Pacheco, funda la Preparatoria Federal por Cooperación “Miguel Ángel” de la cual fungió como director por 6 años hasta que, en 1984, por motivos de salud la deja sin perder el contacto con la que fuera una de sus principales aportaciones a la educación de nivel medio superior del Estado.
En 1985 se convierte en el director de la Secundaria Nocturna del mismo edificio de la Federal # 1, donde permanece hasta su jubilación en el año de 1991 después de más de 32 años de servicio. Sin embargo, su verdadera vocación de enseñar lo lleva a continuar su labor docente, fundando la escuela de Regularización del ISSTEY junto con el profesor Roger Aguilar, lugar donde continuará con su incansable labor docente hasta que su estado de salud le impide continuar y lo obliga a retirarse por completo.
Debido a su trayectoria y su admirable labor docente recibió las medallas “Rafael Ramírez” e “Ignacio Manuel Altamirano” por 30 y 40 años de servicio, respectivamente.
Con toda una vida dedicada a la docencia y a la enseñanza, el profesor Gutiérrez Aguilar no sólo impulsó la educación media, y media superior en el Estado, sino que indiscutiblemente marcó una huella en cada uno de sus alumnos que aún recuerdan sus apasionantes y divertidas cátedras de Español en la Federal # 1. Compañeros, alumnos y familiares aún se acuerdan del profesor “Gonzalito” quien con toda la humildad que lo caracterizaba dedicó toda una vida a la noble labor de enseñar y, más allá de eso, de pensar en la formación académica de las futuras generaciones, consciente de que no hay mejor legado que la educación. Sin nunca haber tenido un homenaje o reconocimiento a su admirable labor sea esta una sencilla, pero sincera muestra de admiración por uno de los profesores que forma parte, con su ejemplo, trabajo y dedicación, de la historia de la educación de nuestro Estado.
Publicado en el Mensajero Escolar 2011.

Por problemas familiares se ve en la necesidad de regresar a Progreso, Yucatán de emergencia y tiene que abandonar su anterior escuela, sin embargo, con ayuda de maestros y del propio sindicato le proponen la dirección de la Secundaria Federal de Hopelchén, Campeche, cargo que ocupa a partir de octubre de 1968. Al poco tiempo, en 1970, le notifican que es candidato a ocupar en Mérida, Yucatán la subdirección de la Secundaria Federal # 1 “Santiago Burgos Brito”, del turno vespertino, de la cual fungió también como director por varios años.
En 1978, junto con algunos amigos, el apoyo de las secundarias federales de Mérida y el entonces gobernador interino Víctor Cervera Pacheco, funda la Preparatoria Federal por Cooperación “Miguel Ángel” de la cual fungió como director por 6 años hasta que, en 1984, por motivos de salud la deja sin perder el contacto con la que fuera una de sus principales aportaciones a la educación de nivel medio superior del Estado.
En 1985 se convierte en el director de la Secundaria Nocturna del mismo edificio de la Federal # 1, donde permanece hasta su jubilación en el año de 1991 después de más de 32 años de servicio. Sin embargo, su verdadera vocación de enseñar lo lleva a continuar su labor docente, fundando la escuela de Regularización del ISSTEY junto con el profesor Roger Aguilar, lugar donde continuará con su incansable labor docente hasta que su estado de salud le impide continuar y lo obliga a retirarse por completo.
Debido a su trayectoria y su admirable labor docente recibió las medallas “Rafael Ramírez” e “Ignacio Manuel Altamirano” por 30 y 40 años de servicio, respectivamente.
Con toda una vida dedicada a la docencia y a la enseñanza, el profesor Gutiérrez Aguilar no sólo impulsó la educación media, y media superior en el Estado, sino que indiscutiblemente marcó una huella en cada uno de sus alumnos que aún recuerdan sus apasionantes y divertidas cátedras de Español en la Federal # 1. Compañeros, alumnos y familiares aún se acuerdan del profesor “Gonzalito” quien con toda la humildad que lo caracterizaba dedicó toda una vida a la noble labor de enseñar y, más allá de eso, de pensar en la formación académica de las futuras generaciones, consciente de que no hay mejor legado que la educación. Sin nunca haber tenido un homenaje o reconocimiento a su admirable labor sea esta una sencilla, pero sincera muestra de admiración por uno de los profesores que forma parte, con su ejemplo, trabajo y dedicación, de la historia de la educación de nuestro Estado.
Publicado en el Mensajero Escolar 2011.
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lunes, 1 de agosto de 2011
CUANDO NUESTRO REFUGIO ES LA LECTURA
Rosely E. Quijano León
El arte de leer es, en gran medida, el arte de volver a encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor”
(André Maurois)
Cuántos no han buscado, en un momento de tristeza, alegría, desesperación, nostalgia, indignación o impotencia la amable compañía de un libro, el que sustituye a los amigos que no hay, el que consuela y a la vez alegra con sus páginas, donde se encuentra el resguardo ideal para el enamorado incomprendido, rechazado o engañado. En los libros hay refugio para todos, sin excepción, en cualquier momento y en cualquier lugar; muchos sabemos que un buen libro nunca te dejará mal, pero esta experiencia tan placentera, la de refugiarse en la lectura, no la han vivido todos, tal vez porque nadie les ha dicho que “la lectura nos remite obligatoriamente a pensar en nuestra relación con la vida, el tiempo y el placer” tal y como afirma Xavier Rodríguez Ledesma, autor del ensayo ganador sobre fomento a la lectura, “Abonando la utopía”, en el 2006 del premio “Mauricio Achar, el señor de los libros” que realiza Conaculta. Este interesante texto, además de certero y con grandes aportaciones al tema de fomento a la lectura, en lo particular me creó una empatía con este autor y se volvió curiosamente en mi refugio ideal e inspiración porque concuerdo a cabalidad con lo expresado por él, sobre todo cuando magistralmente opina, algo que yo también he pensado, cuando habla de algunos críticos y escritores que se quejan y lamentan porque la gente no lee o más bien no lee lo que ellos escriben, y comenta: “Este tipo de actitudes es la mejor representación de la manera en que un sector que se considera ilustrado y culto se aleja por completo de la sociedad y se erige como el evaluador de lo que la gente común, los simples mortales, debieran leer. Quizá tendríamos que dejar de hacerles tanto caso (de hecho, por lo general el público no les hace ninguno) para aceptar sin remordimientos ni culpas que la gente lea lo que le dé la gana”.

Y es así como muchas veces nos encontramos con un autor al que sabemos nos confortan sus palabras, nos agradan y nos motivan a seguir leyendo, en el caso de Xavier Rodríguez además nos demuestra que no sólo el libro, sino el mismo fomento a la lectura se convierte en un refugio ideal para los que no sólo nos conformamos con leer, sino motivar a otros a hacerlo.
De esta misma forma, precisamente de los que encuentran un refugio en promover la lectura, y que son además un ejemplo a seguir, es el colectivo “Palabras de Arena”, Premio Nacional de Fomento a la Lectura 2010 por el proyecto “Fomento a la lectura en contextos violentos” y nominado al premio Astrid Lindgreen de literatura infantil y juvenil, otorgado por el gobierno de Suecia. Un colectivo que se ha dedicado a promover la cultura “entre balas y muertos” en la belicosa Tijuana, ahí donde reinan la violencia, el miedo y la corrupción, en ese entorno este grupo ofrece un refugio a través de la lectura y la cultura en general para los que viven en ese ambiente de desolación y angustia; por eso es un buen ejemplo de que la literatura (y específicamente el arte en general) es el lugar al cual recurrir en situaciones como ésta y muchas otras, un espacio de encuentro para lo que parece perdido; pero más gratificante y admirable aún es, los que en medio del terror y la violencia pierden el miedo y llevan a las colonias marginadas estos espacios, como las salas de lectura para niños y jóvenes, brindándoles ese lugar para refugiarse del dolor que ni los medios de comunicación ni los de entretenimiento les brindan, por miedo.
Mientras tanto aquí, en nuestra vida rutinaria, a veces injusta y llena de desilusiones, seguiremos algunos refugiándonos en los libros y en su infinita compañía, y otros, además, seguiremos buscando el refugio ideal a nuestra soledad y nuestra impotencia en motivar a otros a buscarse y encontrarse en un libro, porque sabemos bien que “gracias a los libros podemos transformar nuestras existencias rutinarias y mediocres en vidas infinitas y plenas de aventuras” (Xavier Rodríguez) y eso, nadie nos los quita.
(Publicado en Por Esto!, Lunes 1 de agosto de 2011)
El arte de leer es, en gran medida, el arte de volver a encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor”
(André Maurois)
Cuántos no han buscado, en un momento de tristeza, alegría, desesperación, nostalgia, indignación o impotencia la amable compañía de un libro, el que sustituye a los amigos que no hay, el que consuela y a la vez alegra con sus páginas, donde se encuentra el resguardo ideal para el enamorado incomprendido, rechazado o engañado. En los libros hay refugio para todos, sin excepción, en cualquier momento y en cualquier lugar; muchos sabemos que un buen libro nunca te dejará mal, pero esta experiencia tan placentera, la de refugiarse en la lectura, no la han vivido todos, tal vez porque nadie les ha dicho que “la lectura nos remite obligatoriamente a pensar en nuestra relación con la vida, el tiempo y el placer” tal y como afirma Xavier Rodríguez Ledesma, autor del ensayo ganador sobre fomento a la lectura, “Abonando la utopía”, en el 2006 del premio “Mauricio Achar, el señor de los libros” que realiza Conaculta. Este interesante texto, además de certero y con grandes aportaciones al tema de fomento a la lectura, en lo particular me creó una empatía con este autor y se volvió curiosamente en mi refugio ideal e inspiración porque concuerdo a cabalidad con lo expresado por él, sobre todo cuando magistralmente opina, algo que yo también he pensado, cuando habla de algunos críticos y escritores que se quejan y lamentan porque la gente no lee o más bien no lee lo que ellos escriben, y comenta: “Este tipo de actitudes es la mejor representación de la manera en que un sector que se considera ilustrado y culto se aleja por completo de la sociedad y se erige como el evaluador de lo que la gente común, los simples mortales, debieran leer. Quizá tendríamos que dejar de hacerles tanto caso (de hecho, por lo general el público no les hace ninguno) para aceptar sin remordimientos ni culpas que la gente lea lo que le dé la gana”.

Y es así como muchas veces nos encontramos con un autor al que sabemos nos confortan sus palabras, nos agradan y nos motivan a seguir leyendo, en el caso de Xavier Rodríguez además nos demuestra que no sólo el libro, sino el mismo fomento a la lectura se convierte en un refugio ideal para los que no sólo nos conformamos con leer, sino motivar a otros a hacerlo.
De esta misma forma, precisamente de los que encuentran un refugio en promover la lectura, y que son además un ejemplo a seguir, es el colectivo “Palabras de Arena”, Premio Nacional de Fomento a la Lectura 2010 por el proyecto “Fomento a la lectura en contextos violentos” y nominado al premio Astrid Lindgreen de literatura infantil y juvenil, otorgado por el gobierno de Suecia. Un colectivo que se ha dedicado a promover la cultura “entre balas y muertos” en la belicosa Tijuana, ahí donde reinan la violencia, el miedo y la corrupción, en ese entorno este grupo ofrece un refugio a través de la lectura y la cultura en general para los que viven en ese ambiente de desolación y angustia; por eso es un buen ejemplo de que la literatura (y específicamente el arte en general) es el lugar al cual recurrir en situaciones como ésta y muchas otras, un espacio de encuentro para lo que parece perdido; pero más gratificante y admirable aún es, los que en medio del terror y la violencia pierden el miedo y llevan a las colonias marginadas estos espacios, como las salas de lectura para niños y jóvenes, brindándoles ese lugar para refugiarse del dolor que ni los medios de comunicación ni los de entretenimiento les brindan, por miedo.
Mientras tanto aquí, en nuestra vida rutinaria, a veces injusta y llena de desilusiones, seguiremos algunos refugiándonos en los libros y en su infinita compañía, y otros, además, seguiremos buscando el refugio ideal a nuestra soledad y nuestra impotencia en motivar a otros a buscarse y encontrarse en un libro, porque sabemos bien que “gracias a los libros podemos transformar nuestras existencias rutinarias y mediocres en vidas infinitas y plenas de aventuras” (Xavier Rodríguez) y eso, nadie nos los quita.
(Publicado en Por Esto!, Lunes 1 de agosto de 2011)
viernes, 22 de julio de 2011
Remembranzas de Rita Cetina
Cotidianamente se publican y difunden diferentes comentarios en torno a las deficiencias y rezagos de la educación en México, pero muy pocas veces se habla de los personajes que han dedicado, y dedican aún, toda una vida a la noble labor de enseñar, es por ello que resulta significativo y loable la reimpresión de este boceto biográfico de la ilustre maestra Rita Cetina Gutiérrez que realizara el también ilustre profesor Rodolfo Menéndez de la Peña en 1909 a raíz de su muerte. No cabe duda de que en sus páginas se palpa el innegable aprecio y admiración que el autor sintió por ella, y no es para menos, pues quien lea sus páginas no podrá menos que sentir un gran respeto e inspiración por la poeta y educadora cuya vida y entrega a la educación supo muy bien plasmar don Rodolfo en este libro.

Debo confesar, y con mucha vergüenza, que hasta hace muy poco conocí la vida y obra de esta gran mujer. Sin embargo no recuerdo que en la escuela se nos enseñara sobre los profesores ilustres del Estado, lo cual sin duda alguna debería enseñarse a los futuros maestros, pero tampoco me había tomado la molestia de investigar el pasado de la profesión más noble y loable que es esta la de enseñar, la que desde hace varios años es también mi profesión. Incluso creo que los propios maestros formados en una escuela normal, lo cual no fue mi caso, incluso ellos mismos desconocen no sólo a ella sino a otros tantos profesores emblemáticos de nuestra entidad. De ahí la importancia de esta publicación, de este recinto mismo y de la admirable labor del profesor Carlos Bojórquez y los que junto con él se encargan de difundir y crear un espacio para la historia de la educación en nuestro Estado.
Lo valioso de la profesora Rita Cetina no es únicamente el haber creado en 1870 la primera escuela laica para niñas de nuestro Estado llamada la Siempreviva, o el haber dirigido desde sus inicios el primer Instituto Literario de Niñas en 1877, ni tampoco su producción poética de entrañable valor literario y artístico; lo admirable es su incansable labor de educar y promover la educación de la mujer por la mujer en aquellos tiempos en que era tan difícil acceder a ella, para los hombres y con mucha más razón para las mujeres. Su lucha constante por integrar a las niñas de diferentes estratos sociales a la escuela es muestra de su gran altruismo, vocación y empeño por la que fuera su profesión desde muy joven. El mismo don Rodolfo Menéndez expresa que “preciso era sacar de la ignorancia y del abismo de las preocupaciones a la hermosa compañera del hombre” y la maestra Rita demostró que las mujeres eran capaces de lograr muchas más cosas de las que se creía en su tiempo. Más que una escuela donde se enseñaba lectura, caligrafía, labores de mano, gramática, aritmética, geografía, entre otras disciplinas, cultivó el amor al arte, el mismo que ella sentía por la poesía y que se manifestó en la creación de una de las primera escuelas de declamación en Yucatán. Definitivamente su labor poética merece un estudio minucioso y muy aparte de su labor docente, pues son pocas las voces poéticas femeninas en nuestro Estado y aún menor las que expresan un profundo amor por la labor de educar.
La dedicación y entrega de la maestra Rita a su carrera se reflejan a la perfección en las palabras de Menéndez de la Peña quien narra desde su niñez hasta su fallecimiento los logros y virtudes de la profesora, la que más que eso fue y es un emblema de la educación yucateca, lo fue en su tiempo y lo es ahora, pues con un tinte de nostalgia se nos narran sus últimos años de vida presa de una enfermedad que no le impidió seguir, desde su cama, dirigiendo y escribiendo, pero sobre todo enseñando con su gran ejemplo. No creo que haya mayor satisfacción y recompensa para una gran profesora, como lo fue Rita Cetina, que el haber recibido en sus últimos días de vida a un grupo de alumnas que acudieron a su casa a recitar y cantar para su estimada profesora como agradecimiento por todas sus enseñanzas, pero con mayor razón debió sentir una gran satisfacción por el hecho de que su compañera Consuelo Zavala fuera la de la idea de llevar a las niñas como una muestra de respeto, admiración y cariño que sentían ella y muchas otras personas por la educadora. Y es que no existe mayor recompensa para un profesor que recibir de sus propios alumnos unas palabras o un detalle de aliento que dicen mucho más que cualquier otro reconocimiento que se quiera realizar, y que mejor dicha que el haber recibido este sencillo homenaje en su propia casa y en vida de las personas a quienes dedicó toda una existencia llena de enseñanzas y sueños.
Hoy no creo que cualquier maestro que conozca la vida y obra de esta ilustre maestra no sienta una gran admiración y respeto por el gran ejemplo que lleva implícito ya el nombre de Rita Cetina, para mí más que eso representa una inspiración y un agradecimiento porque sin duda alguna su vida entera ejemplifica a la perfección las palabras de un pedagogo estadounidense quien afirma que “la enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza sino de corazón a corazón”, y ese don para enseñar y además dejar huella sólo pocos profesores lo logran, profesores que como Rita Cetina dejan un innegable vacío pero a la vez una profunda enseñanza para las nuevas generaciones de hoy.
Al fin y al cabo las palabras resultan poca cosa para expresar lo que por más de 40 años con dedicación y esfuerzo construyó esta ejemplar maestra, lo que con tenacidad y perseverancia logró por la educación femenina, por eso, qué mejor que las palabras del profesor Menéndez de la Peña para honrar y dejar memoria de los grandes logros de esta ilustre profesora, ya que él muy claramente expresa: “preciso es unir la experiencia a la ciencia y tener un cerebro y un corazón consagrados en absoluto a la enseñanza, para llegar a ser como ella, una completa educadora; para llegar a conquistar, como ella conquistó, un nombre imperecedero en los anales de la enseñanza peninsular”.
Preciso y necesario es que los profesores y la sociedad yucateca en general conozcan la valiosa labor de ella y muchos otros maestros ilustres de nuestro Estado, esta reimpresión es la mejor oportunidad para hacerlo, para rescatar y difundir nuestra historia de la educación, la que día con día se sigue forjando y a la que tanta falta le hace una revitalización, una motivación y el retomar la verdadera esencia de la palabra educar. Si se nos ha olvidado con el paso del tiempo o con la rutina diaria, preciso es que dediquemos un breve tiempo a los que como la maestra Rita Cetina forjaron con gran voluntad y dedicación las bases de la educación en nuestro Estado, producto del cual somos todos y cada uno de los que hemos pisado las aulas de los diferentes niveles educativos y que hoy no podemos menos que agradecer y admirar a quien pese a todos los obstáculos logró abrir un camino a la educación a las mujeres yucatecas que día a día demuestran que, como ella, no existen limitantes cuando se tiene una verdadera vocación y amor por la profesión.

Debo confesar, y con mucha vergüenza, que hasta hace muy poco conocí la vida y obra de esta gran mujer. Sin embargo no recuerdo que en la escuela se nos enseñara sobre los profesores ilustres del Estado, lo cual sin duda alguna debería enseñarse a los futuros maestros, pero tampoco me había tomado la molestia de investigar el pasado de la profesión más noble y loable que es esta la de enseñar, la que desde hace varios años es también mi profesión. Incluso creo que los propios maestros formados en una escuela normal, lo cual no fue mi caso, incluso ellos mismos desconocen no sólo a ella sino a otros tantos profesores emblemáticos de nuestra entidad. De ahí la importancia de esta publicación, de este recinto mismo y de la admirable labor del profesor Carlos Bojórquez y los que junto con él se encargan de difundir y crear un espacio para la historia de la educación en nuestro Estado.
Lo valioso de la profesora Rita Cetina no es únicamente el haber creado en 1870 la primera escuela laica para niñas de nuestro Estado llamada la Siempreviva, o el haber dirigido desde sus inicios el primer Instituto Literario de Niñas en 1877, ni tampoco su producción poética de entrañable valor literario y artístico; lo admirable es su incansable labor de educar y promover la educación de la mujer por la mujer en aquellos tiempos en que era tan difícil acceder a ella, para los hombres y con mucha más razón para las mujeres. Su lucha constante por integrar a las niñas de diferentes estratos sociales a la escuela es muestra de su gran altruismo, vocación y empeño por la que fuera su profesión desde muy joven. El mismo don Rodolfo Menéndez expresa que “preciso era sacar de la ignorancia y del abismo de las preocupaciones a la hermosa compañera del hombre” y la maestra Rita demostró que las mujeres eran capaces de lograr muchas más cosas de las que se creía en su tiempo. Más que una escuela donde se enseñaba lectura, caligrafía, labores de mano, gramática, aritmética, geografía, entre otras disciplinas, cultivó el amor al arte, el mismo que ella sentía por la poesía y que se manifestó en la creación de una de las primera escuelas de declamación en Yucatán. Definitivamente su labor poética merece un estudio minucioso y muy aparte de su labor docente, pues son pocas las voces poéticas femeninas en nuestro Estado y aún menor las que expresan un profundo amor por la labor de educar.
La dedicación y entrega de la maestra Rita a su carrera se reflejan a la perfección en las palabras de Menéndez de la Peña quien narra desde su niñez hasta su fallecimiento los logros y virtudes de la profesora, la que más que eso fue y es un emblema de la educación yucateca, lo fue en su tiempo y lo es ahora, pues con un tinte de nostalgia se nos narran sus últimos años de vida presa de una enfermedad que no le impidió seguir, desde su cama, dirigiendo y escribiendo, pero sobre todo enseñando con su gran ejemplo. No creo que haya mayor satisfacción y recompensa para una gran profesora, como lo fue Rita Cetina, que el haber recibido en sus últimos días de vida a un grupo de alumnas que acudieron a su casa a recitar y cantar para su estimada profesora como agradecimiento por todas sus enseñanzas, pero con mayor razón debió sentir una gran satisfacción por el hecho de que su compañera Consuelo Zavala fuera la de la idea de llevar a las niñas como una muestra de respeto, admiración y cariño que sentían ella y muchas otras personas por la educadora. Y es que no existe mayor recompensa para un profesor que recibir de sus propios alumnos unas palabras o un detalle de aliento que dicen mucho más que cualquier otro reconocimiento que se quiera realizar, y que mejor dicha que el haber recibido este sencillo homenaje en su propia casa y en vida de las personas a quienes dedicó toda una existencia llena de enseñanzas y sueños.
Hoy no creo que cualquier maestro que conozca la vida y obra de esta ilustre maestra no sienta una gran admiración y respeto por el gran ejemplo que lleva implícito ya el nombre de Rita Cetina, para mí más que eso representa una inspiración y un agradecimiento porque sin duda alguna su vida entera ejemplifica a la perfección las palabras de un pedagogo estadounidense quien afirma que “la enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza sino de corazón a corazón”, y ese don para enseñar y además dejar huella sólo pocos profesores lo logran, profesores que como Rita Cetina dejan un innegable vacío pero a la vez una profunda enseñanza para las nuevas generaciones de hoy.
Al fin y al cabo las palabras resultan poca cosa para expresar lo que por más de 40 años con dedicación y esfuerzo construyó esta ejemplar maestra, lo que con tenacidad y perseverancia logró por la educación femenina, por eso, qué mejor que las palabras del profesor Menéndez de la Peña para honrar y dejar memoria de los grandes logros de esta ilustre profesora, ya que él muy claramente expresa: “preciso es unir la experiencia a la ciencia y tener un cerebro y un corazón consagrados en absoluto a la enseñanza, para llegar a ser como ella, una completa educadora; para llegar a conquistar, como ella conquistó, un nombre imperecedero en los anales de la enseñanza peninsular”.
Preciso y necesario es que los profesores y la sociedad yucateca en general conozcan la valiosa labor de ella y muchos otros maestros ilustres de nuestro Estado, esta reimpresión es la mejor oportunidad para hacerlo, para rescatar y difundir nuestra historia de la educación, la que día con día se sigue forjando y a la que tanta falta le hace una revitalización, una motivación y el retomar la verdadera esencia de la palabra educar. Si se nos ha olvidado con el paso del tiempo o con la rutina diaria, preciso es que dediquemos un breve tiempo a los que como la maestra Rita Cetina forjaron con gran voluntad y dedicación las bases de la educación en nuestro Estado, producto del cual somos todos y cada uno de los que hemos pisado las aulas de los diferentes niveles educativos y que hoy no podemos menos que agradecer y admirar a quien pese a todos los obstáculos logró abrir un camino a la educación a las mujeres yucatecas que día a día demuestran que, como ella, no existen limitantes cuando se tiene una verdadera vocación y amor por la profesión.
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