sábado, 9 de abril de 2016

El extraño síntoma de la mujer lectora

Es curioso y hasta cierto punto irónico que Stefan Bollmann, escritor alemán, sea quien más haya escrito y divulgado sobre el papel de la mujer occidental como lectora a lo largo de la historia a través de sus libros más conocidos como Las mujeres que leen son peligrosas (2006), Las mujeres que escriben son peligrosas(2007) y Mujeres y libros. Una pasión con consecuencias (2015). Sin duda es interesante la pasión con la que Bollmann en estos libros ha realizado un repaso histórico fecundamente documentado e, incluso, ilustrado al relacionar su primer libro con la pintura, los retratos y fotografías de mujeres leyendo, todo esto para cuestionar si las mujeres que leen son o han sido peligrosas. Su visión masculina lejos de ensombrecer, al contrario, engrandece a las mujeres lectoras.


    La visión enigmática y subversiva de la mujer lectora que pudo tener en los siglos XVII al XIX, y probablemente hasta el XX, está íntimamente relacionada con los estereotipos y deberes, principalmente en el espacio doméstico, que le fueron adjudicados desde siempre. El escándalo que provocó en los círculos parisinos la “fiebre lectora” fue duramente criticada por pedagogos e intelectuales del siglo XVIII que veían inmoral y nada productivo tanto física como mentalmente el exceso de lecturas, en especial, en las mujeres. Quién diría que unos siglos después añoramos que pudiera darse nuevamente una “fiebre lectora”. Sin embargo, diferentes posturas, debates y opiniones pesarán sobre la mujer como lectora, los hombres discuten si deben o no leer, qué deben leer y los peligros que pudiera acarrear una lectura sin tutoría ni vigilancia que llevara a un trágico fin como el que retrató, en 1856, Flaubert con Madame Bovary.
    Todos los riesgos, atrevimientos, desobediencias, clandestinidad y rebeldía de las mujeres lectoras que se retratan en estos libros de Bollmann son una hermosa muestra de los obstáculos impuestos por el hombre mismo para crear el fetichismo de la mujer lectora. Observándolo desde el misticismo, intriga y misterio que se observa y se crea con la sola imagen de una mujer y un libro, cuantimás si esa mujer es alguien importante para la época, o simplemente la mujer común y corriente, muy poco retratada, pero que también lee. Hubo una época en que también se estigmatizó a la mujer lectora o escritora, aludiendo a su falta de “atributos” físicos para socializar, razón suficiente para refugiarse en la lectura como una forma de salvación o de esparcimiento, para vivir las historias (románticas) que no podría realizar o simplemente por la extrañeza con la que nace la mujer predispuesta a los libros, como lo retrata a la perfección el personaje Josephine de la célebre novela de Louisa May Alcott, Mujercitas de 1868, o Anne, la protagonista dePersuasión de Jane Austen, de 1817. Pero en la realidad esto lo vivieron en carne propia cientos de mujeres lectoras y escritoras, como el caso particular de la peruana Clorinda Matto de Turner autora de Aves sin nido (1889) o de Gertrudis Gómez de Avellaneda autora de Sab (1841) que son sólo una pequeña referencia a las mujeres latinoamericanas que en el siglo XIX se enfrentaron con la cruel y punzante opinión masculina con respecto no sólo a sus obras, sino a su apariencia física (señalando su poca feminidad)  y su extraña afición por la lectura y la escritura que siempre calificaron como menor o puramente sentimental, haciendo con ello eco de las palabras de Schopenhauer quien decía que los hombres tienen ideales, las mujeres sólo ilusiones. Sin duda alguna los mismos libros han dejado una huella imborrable de que el filósofo se equivocaba.
    Las opiniones masculinas en el siglo XX no cambiaron en mucho, por más que en México, por ejemplo, José Vasconcelos diera en apariencia un gran impulso a la educación de la mujer, en su campaña rumbo a la presidencia jamás alcanzada, encargándole a Gabriela Mistral la tarea de elegir y publicar los libros que las mujeres debían leer, lo cierto es que en el discurso no dejó de plasmar su sentir: “para mí, la forma del patriotismo femenino es la maternidad perfecta”. La mujer debía educarse, ser lectora, pero no dejar de lado sus roles históricos y socialmente establecidos, bajo riesgo de considerarse peligrosa, subversiva, inmoral o hasta loca, y aquí sin duda retumba el recuerdo de Elena Arizmendi Mejía y María Antonieta Rivas Mercado, ambas amantes del apóstol de la educación, pero mujeres independientes, lectoras, feministas y derrumbadas por una sociedad no preparada aún para mujeres pensantes y con opiniones propias como ellas y otras tantas.
   A mitad de siglo la vida va revolucionando, la radio, la televisión, el cine, Hollywood y la fábrica de los sueños va en vertiginoso aumento. La gente ha dejado los libros poco a poco a un lado porque ahora pueden escucharse y verse, pueden imaginarse a través de los ojos de los otros. La mujer pasa a ser figura central por su belleza y no por su inteligencia; así que el estereotipo es ahora la mujer famosa, con glamour y estilo, dedicada a la vida matrimonial y doméstica, la esposa perfecta o la mujer fatal que arrebata a las de su misma especie al marido o novio sólo por ser más sexy y menos anticuada. La mujer lectora es pues, como lo vislumbra Rosario Castellanos, una especia de “bicho raro”, en su novela autobiográfica Ritos de iniciación; Cecilia, la protagonista tiene que vivir las peripecias de ser provinciana, ser mujer y estudiar una carrera de letras donde domina la intelectualidad masculina, menosprecian a la mujer escritora y lectora asumiendo estereotipos como “debe ser lesbiana, solterona o poco femenina”.
   Pero en 1952 puedo darse ser el primer paso para romper con los estereotipos anteriores, Eve Arnold tiene la atinada decisión de captar uno de los momentos más emblemáticos, y hoy en día más difundidos y también cuestionados, de Marilyn Monroe, la famosa fotografía del símbolo sexual del siglo XX: Marilyn leyendo el Ulises de Joyce. Los cuestionamientos no se hicieron esperar, mujer, belleza y libros no habían sido captados y difundidos tan abiertamente hasta entonces, el mito de la mujer lectora y peligrosa sigue vigente, no es esta la única foto de la estrella de cine leyendo y tampoco es la única mujer famosa ni no famosa que lo hace, su atrevimiento causó en los hombres un mayor placer, deseo y atracción en la mujer seductora y misteriosa que les dice con esas fotografías “no sólo soy deseable porque soy muy guapa, sino también porque leo libros sesudos”.
   El extraño síntoma de la mujer lectora sigue causando no necesariamente peligro ni miedo, pero sí atracción, las lectoras que somos hoy, según las estadísticas, mucho mayor en cantidad que los hombres, no somos un grupo homogéneo ni estático, las mujeres leemos distintos géneros, temas, formatos, tenemos diferentes gustos y capacidades, somos como lectoras exactamente igual que los hombres, leemos también por gusto, por placer, por curiosidad, por saber más, hay lectoras para toda la amplia gama editorial, desde el best seller o la literatura canónica, la lectura “light” o la “alta” literatura (lo que sea que eso signifique), leemos desde las revistas femeninas hasta los cómics, sí  leemos, pero no todas leemos lo mismo, tenemos el síntoma de la mujer lectora, pero entre nosotras mismas no debemos adoptar la misma actitud del hombre históricamente recurrente, de desprestigiar lo que leemos, sería doblemente injusto y deshonesto. Con el paso del tiempo pareciera que adoptamos la misma actitud de arrogancia del intelectual masculino, y sin embargo creo que sí existen no una sino muchas razones por las que las mujeres leen, no por sentirse más sino por encontrar entre las páginas de un libro un sentir, una vivencia, un algo que nos haga feliz o también para desahogar los sueños inaccesibles, las ilusiones rotas, el desamor o los sentimientos reprimidos, leemos para encontrarnos y los libros con el paso del tiempo nos ofrecen la seguridad para ser independientes y expresar sin remordimientos nuestras opiniones, y es esto lo que pienso que sí resulta ser la consecuencia del extraño síntoma de la mujer lectora, la que lee para sí, para encontrarse y no para dividirse y apartarse del resto de las mujeres. Son éstas, probablemente las lectoras que causan cierto temor, pero a la vez una misteriosa atracción indescriptible.
   “Leo porque me he tomado el derecho que nadie dádome ha…y porque si no lo hiciera me hubiera ya muerto de tantas lágrimas. Porque la palabra es mi respiración, porque si no leo hoy una flor se cierra en el monte. Leo para levantarme las manos de tanta suciedad que a mi alrededor se acumula”, éstas son algunas de las razones de ser lectora de la periodista y escritora María Luisa “la china Mendoza”, y así seguramente cada mujer lectora, cada lector en general tendrá sus razones para leer, todas válidas; yo creo que leo porque entre las páginas encuentro las vidas ajenas que hubiera querido tener y porque los libros son mi refugio favorito en algún momento del día para la soledad. Por eso pienso que hoy en día las mujeres que leemos no somos peligrosas, son peligrosos las mujeres y los hombres que no han tenido la oportunidad o la suerte de leer, pero sobre todo son aún más peligrosos los que leen y con esto asumen que ya son una autoridad intelectual para desdeñar lo que los demás leemos, porque entonces con ello muestran que el peligro de leer no está en ser hombre o mujer, sino en utilizar la lectura como una bomba de soberbia y de irracionalidad sobre el que siendo o no lector es simplemente, humano.

Referencias:
Bollmann, Stefan:
Mujeres y libros. Una pasión con consecuencias. México, 2015, Seix Barral.
Las mujeres que leen son peligrosas. Madrid, 2006, Maeva. 
Sefchovich, Sara. El cielo completo. Mujeres escribiendo, leyendo. México, 2015, Océano.

Publicado en Encuentro Digital el 29 de marzo de 2016.
http://www.encuentrodigital.com.mx/index.php/editorial/108-colaboradores/rosely-quijano-leon/2036-el-extrano-sintoma-de-la-mujer-lectora#.VvtRFTs-AKg.facebook

martes, 29 de marzo de 2016

JUANA BORRERO: EL CISNE JOVEN Y ATORMENTADO (Cuba. 1877-1896)

El Modernismo tuvo pocas, pero muy valiosas expresiones femeninas que se vislumbraron en los inicios del siglo XX. Sin embargo, en Cuba, en 1877, nace la hija del poeta Esteban Borrero destinada a crecer en un ambiente familiar de amor al arte, la literatura y el conocimiento en general. Juana Borrero será en su corta vida pintora y poeta de espíritu precoz, niña/musa o poeta/maga son algunos de los calificativos que los mismos poetas Modernistas como José Martí y Rubén Darío le adjudican a la poeta adolescente, quien desde los siete años escribe su primera rima “Sol naciente” y a la que conocería Julián del Casal cuando ella apenas tenía 14 años y quien se convertirá en su más breve, pero a la vez, mayor influencia literaria. Julián del Casal muere en 1893 no sin antes haber publicado, apenas dos meses antes de su muerte, en La Habana Elegante el 20 de agosto, un poema-retrato titulado “Virgen triste”, calificativo que le quedará marcado a Juana para la posteridad:

 Al roce imperceptible de tus sandalias
polvo místico dejas en leves huellas
 y entre las adoradas sola descuellas,
pues sin tener fragancia como las dalias
 tienes más resplandores que las estrellas.

 La producción poética de Borrero no es exigua, incluye colaboraciones en las mejores publicaciones habaneras de la época, como La Habana Elegante, La Habana Literaria, El Fígaro, entre otros. Un año antes de su prematura muerte, 1985, publica Rimas, en la biblioteca Gris y Azul, la mayoría de sus poemas aparecen en la antología Grupo de familia, poesías de los Borrero, publicada también el mismo año. Aunado a su producción poética se ha hecho gran énfasis en su obra epistolar, producto de la relación amorosa con el también poeta Carlos Pío Uhrbach, obra que la crítica ha dado en reconocer que más allá del romance y las pasiones entre dos jóvenes enamorados se puede entrever la situación social del momento de Cuba en medio de la guerra. Moris Campos opina que “el epistolario documenta una pasión donde Borrero expresa la necesidad de posesión absoluta del ser amado, a la vez que lleva a cabo la más exquisita y atormentada (re)creación de sí misma. Borrero se inventó con el fin de seguir la ruta vital que Casal le dejó en herencia, por una parte, y los modelos femeninos finiseculares de los que —dada su naturaleza apasionada y fuerte temperamento—, se alejaba”
Su obra refleja algo más que el sentimentalismo de una adolescente enamorada o romántica, pues en sus poemas “se respira el espíritu parnasiano de búsqueda de la perfección formal” (Campuzano, Luisa), y aunque en sus poemas se desborda, como es natural, un sentimiento romántico, la crítica actual ha notado en su obra una gran influencia y tendencia modernista, no sólo por ser público el hecho de que fuera reconocida por Rubén Darío y el mismo José Martí, a quien conoce en Nueva York en 1892, sino también por la notable influencia en su poesía de otros poetas Modernistas como Gutiérrez Nájera, que se hace evidente en un poema titulado Vorrei Morire: “Quiero morir cuando al nacer la aurora/ su clara lumbre sobre el mundo vierte” que hace clara alusión al célebre poema Para entonces, y que como Iván Schulman afirma, no se trata de una simple copia sino de analogías en el discurso que se infieren como un “estilo modernista moldeado” que posee Borrero. No obstante, los autores modernistas del momento, la encumbraron y hablaron de ella, pero con el mismo tono con el que se hablaba de las mujeres escritoras decimonónicas, con cierto recelo y, sobre todo, enfatizando que aquellas eran “un caso especial”, o como diría Darío de Juana, “persona extraordinaria”, una excepción a la “vegetación común”. Y es que el pensamiento de Darío, como el propio de los hombres escritores de su época, se deja entrever en este fragmento de una de sus entregas en la revista “El mundo del arte” de 1894: “una mujer excesivamente ilustrada es tan peligrosa como la mujer ignorante, porque la excesiva ilustración, como la ignorancia inicial, la separa de su gran arte, que es el sentimiento, de su gran ciencia, que es el hombre, de su segunda religión, que es el hijo”; y con esto no habla sólo Darío sino las voces masculinas de todo un siglo que además tendrá repercusión en la centuria siguiente. Es así que Juana Borrero, pese a esa indiscutible aportación a la poesía modernista, no ha sido siempre reconocida y mencionada en las antologías o los textos críticos que abordan esta corriente literaria.

 Adicional a su efímera, pero valiosa producción poética, la crítica también ha estudiado y analizado su obra epistolar dedicada a su único amor, el poeta Carlos Pío Uhrbach, con quien estaba comprometida a casarse, lo cual nunca llegará a suceder dada su anticipada muerte. Su obra epistolar, descubierta hasta 1964 por su hermana Mercedes, cambiará el mito que se formó por varias décadas entorno a Juana como la joven virginal y casta que se vislumbra en su poesía y que le adjudica Casal. “Las cartas de Borrero recogen, por último, las huellas supremas de la pasión: las lágrimas y la sangre” y es ahí donde la crítica y los que se han abocado al estudio de su obra han encontrado mayores rasgos de la joven poeta; ejemplo de ello es el trabajo de Judith Moris Campos quien se cuestiona en él si Ana Borrero fue la “virgen triste” como la describió Casal o una “impúdica vestal” por la carga de emociones, temperamento, pasiones sensuales y sentimientos de protesta reprimidos que vuelca en sus apasionantes cartas. Eliana Rivero afirma que “la Juana Borrero que se despliega en el Epistolario signa su futuro destino a manos de la crítica: el amor aniquilante, autodestructivo, exigente hasta el fuego de la absoluta posesión espiritual es el nuevo sello con que a Juana se la lee, la niña-virgen se revela como amante-tigresa, obsesionada y delirante”

Cualquiera de las dos caras de Juana Borrero refleja que su corta vida la dedicó a la literatura y la pintura probablemente porque leer y escribir es, como afirma Sara Sefchovich, “la primera forma de independencia, y de hecho la única posible para las mujeres a lo largo de la historia”. Una vida efímera que dejó una importante producción literaria que ha quedado para los estudios críticos actuales. En sus últimos días de vida, poco después de cumplir apenas 18 años, Juana Borrero escribe el poema titulado “Última rima”:

 Yo he soñado en mis lúgubres noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas,
con un beso de amor imposible
sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.

 Muere el 9 de marzo de 1896 a causa fiebre tífica, deja un legado poético y epistolar importante que no sólo contribuye a darle una voz femenina al fin de siglo y al Modernismo, sino que también vislumbra a la mujer joven poeta, la mujer finisecular que se caracterizó por ser el cisne joven y atormentado que en sus últimas rimas tan sólo pidió: Dame el beso soñado en mis noches, en mis noches tristes de penas y lágrimas, que me deje una estrella en los labios y un tenue perfume de nardo en el alma.



 REFERENCIAS:

 Campuzano, Luisa (1997) Mujeres latinoamericanas: Historia y cultura siglos XVI al XIX. Tomo II. La Habana Cuba, Casa de las Américas/Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Moris

Campos, Judith (2009) “Juana Borrero: ¿Virgen triste o impúdica vestal? En Espacio laical. En: http://www.espaciolaical.org/contens/17/8689.pdf

Rivero, Eliana (1990) “Pasión de Juana Borrero y la crítica” En Revista Iberoamericana. file:///C:/Users/sora%C3%B1o/Downloads/4789-18950-1-PB.pdf “Homenaje a Juana Borrero” en La Habana Elegante. http://www.habanaelegante.com/Spring2003/Azotea.html

 Publicado en Encuentro Digital, 1 de marzo de 2016.

domingo, 31 de enero de 2016

Dejando atrás el olvido. Sobre la novela inédita “El pacifista” del Dr. Pedro I. Pérez Piña

La literatura yucateca, tan ajena para muchos, tan necesaria y viva para otros, aún necesita hoy en día de múltiples voces que asomen para hacerse presentes en el panorama general del corpus literario que debiera incrementarse dado lo proficuo de las plumas que han surgido y continúan surgiendo en estas tierras yucatecas. Hace más de una década, como alumna de la licenciatura en antropología con especialidad en lingüística y literatura de la UADY, surgió del trabajo de titulación el interés por un escritor poco conocido y valorado que llegó a mí a través de mi asesora de tesis, la Dra. Margaret Shrimpton; se trataba de la novela “Atavismo” escrita en 1930 y galardonada en España, escrita por el Dr. Pedro I. Pérez Piña, nacido en 1888 en Ticul, Yucatán, pero quien viviera por muchos años en el puerto de Progreso. Fue así como inició el interés por difundir la encomiable labor literaria de este escritor, en ese momento vislumbramos su vasta producción únicamente en los datos biográficos, pues carecíamos de la mayoría de los manuscritos o ediciones de las novelas que escribió. Con el paso del tiempo, este trabajo de titulación se convirtió en el libro “Los olvidos de la literatura yucateca de principio del siglo XX: Pedro I. Pérez Piña”, editado en 2012 por Sedeculta, y quien nos diera la oportunidad el año pasado de poder reeditar la novela “Los irredentos”, misma que se presentó en el mes de noviembre en la Casa de la Cultura del puerto de Progreso. Ahí supimos la grata noticia de que Doña Nilde Pérez de Palma, escritora progreseña e hija de don Pérez Piña había recuperado un texto inédito de su padre, titulado “El pacifista”. Grata noticia dado los años que han transcurrido desde que falleciera en 1965 y pasara a formar parte del olvido de las letras yucatecas, probablemente por múltiples razones, pero ninguna de ellas válida como para dejarlo sepultado en el polvo de los archivos y bibliotecas familiares. A pocos días de la presentación de “Los irredentos”, la familia Palma Pérez realizó la edición de la novela “El pacifista” para conmemorar los 128 años de su natalicio, el pasado 25 de enero. Nuevamente fue la Casa de Cultura de Progreso (que debiera llevar su nombre, propuesta sugerida, y muy merecida, por el Mtro. Manuel Figueroa) el lugar para reunirnos a leer y recordar a un escritor que a través de sus palabras logra plasmar la hecatombe humana en sus diversas formas, pero, a la par exaltar el sentido de humanidad que a fin de cuentas resulta ser la intencionalidad de sus obras, recordarnos la importancia de los valores universales y fundamentales para cualquier sociedad.
“El pacifista” ha sido un gran descubrimiento no sólo para su familia, sino para sus lectores en general, descubro en esta novela una madurez intelectual y narrativa, la influencia literaria que nutre sus palabras y la sencillez para incluir, nuevamente, las voces de escritores como Mediz Bolio y Delio Moreno Cantón, a quienes se aprecia leyó y admiró aún siendo contemporáneos a él. Pero en esta ocasión hay también un sorpresivo giro en su estilo tanto en el tema como en la forma, con una innovación narrativa en el hilo argumental que precipitadamente considero pionero en Yucatán en esa estrategia, pero que requiere de un estudio mucho más profundo para llegar a ser una afirmación. Es sin duda alguna, Pérez Piña un escritor que se reinventa, nueva faceta que se vislumbra con esta novela, que al igual que las anteriores debe formar parte de la tradición y del corpus literario yucateco. La intencionalidad de la familia y de algunos que nos hemos sumado a ellos es precisamente el rescate y difusión de sus obras tan vivas, tan actuales, que aún escritas en el Yucatán de principios del siglo XX siguen haciéndonos vibrar y conmovernos al ver retratados en sus personajes y, sobre todo, en los diálogos, una verdadera conciencia social del escritor que seguramente decidió dedicar las pocas horas de esparcimiento que la profesión de médico le dejaba para plasmar sus ideas, visionarias en muchos casos, para advertirnos sobre las catástrofes que suceden cuando se pierde lo esencial, nuestro sentido humano. Es por esta razón que su familia, hijos, nietos y bisnietos siguen celebrando el encuentro afortunado de las obras de don Pedro Pérez Piña, celebración a la que nos sumamos quienes admiramos la obra de este encomiable escritor, que nos seguirá sorprendiendo, pues recién doña Nilde ha tenido la fortuna nuevamente de encontrar entre sus libros la novela inédita “Kamiro Yalu”. Yo pienso que los manuscritos de don Pérez Piña son como el “libro salvaje” de Juan Villoro, que van cambiando de lugar en los libreros sin que nadie se de cuenta y se aparecen y desaparecen a su antojo. Así le ha pasado a doña Nilde porque después de más de 50 años, creo que apareció esta novela en el momento adecuado, en el momento en que don Pedro Pérez Piña ya está convencido de que va dejando atrás el olvido para sorprendernos nuevamente y sobre todo para ayudarnos a sustentar que debe ser considerado ya un prócer de las letras yucatecas. Publicado en el periódico Por Esto! El Jueves 28 de enero de 2016.

sábado, 23 de enero de 2016

Las verdaderas mujeres del año. A propósito de los 100 años del Primer Congreso Feminista

A cien años de distancia, es digno reconocer la incansable labor de Elvia Carrillo Puerto a favor de los derechos de las mujeres, cuyo nombre ya brilla con letras de oro en el Congreso del Estado. Tuvieron que pasar cien años para que este reconocimiento institucional para ella, y otras muchas mujeres, se diera, no obstante que mucho antes la difusión del legado que dejaron lo han venido realizando diferentes investigadores, historiadores y periodistas a través de diferentes publicaciones y medios. Sin embargo, no es hasta ahora, los cien años, que se está difundiendo con más alcance este acontecimiento trascendental. En estos días en los discursos está presente el tema de la equidad y la igualdad entre hombres y mujeres, palabras que se escuchan y alientan y prometen un futuro con más oportunidades; sin embargo, discursos muy parecidos son los que debieron estar presentes hace 100 años en los Congresos y reuniones que realizaron las feministas de principios del siglo XX aquí en Yucatán, en otros Estados y países a los que asistieron. Realmente a cien años de este acontecimiento trascendental ¿las palabras han pasado a la acción? Recién en el mes de diciembre del año pasado, el Patronato Nacional de la Mujer del año, entregó tal distinción a la Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu Salinas, se dice que, por su trayectoria en la política mexicana, lo cual es evidente por el cargo que actualmente ocupa, y por la promoción que ha encabezado por la defensa de los derechos de las mujeres, sin que se mencionen cuáles han sido específicamente estos logros. En años anteriores esta distinción ha sido otorgada a mujeres que ocupan cargos públicos importantes dentro de las instituciones de gobierno o empresarias, y pareciera ser, casi todas miembros de familias “prestigiadas” y de renombre de nuestra sociedad mexicana. En 2014 fue otorgado este reconocimiento, por ejemplo, a Blanca Treviño quien funge actualmente como presidenta y directora general de SOFTTEK y considerada una de las diez mujeres más poderosas de México en 2015. En 2013, le fue otorgado a la doctora Mercedes Juan López, Secretaria de Salud, y en 2012, a María del Carmen Alanís, magistrada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). La distinción de Mujer del año, costosamente va acompañada de la presea de cristal diseñada nada menos que Tiffany & Co. quien también obsequia a la homenajeada el clásico anillo de brillantes “Celebration”.
Merecido o no estos reconocimientos nos hacen reflexionar en torno al papel de las mujeres mexicanas a lo largo del tiempo y en distintos espacios por los cuales se han abierto camino y han logrado posicionarse en esferas públicas y privadas importantes en la sociedad. El panorama que se vislumbra con sólo mirar a lasmujeres que han recibido tal distinción en años anteriores, nos hace pensar si los discursos sobre la equidad y el reconocimiento al trabajo de la mujer no son denostados con este tipo de eventos de “La mujer del año” que sólo parecen mirar a un cierto sector exclusivo privilegiado de las mujeres mexicanas. Creo que más allá de las que ocupan cargos importantes, muchas veces más por el apellido que por sus grandes sacrificios, preparación, inteligencia o logros, se debería premiar y reconocer a las mujeres que verdaderamente enfrentan día a día retos importantes para abrirse camino y luchar por la defensa de los derechos de los ciudadanos y construir una mejor sociedad. Mujeres que realmente aportan algo a la sociedad a través de sus ideas, proyectos, sueños e ilusiones que llevan a cabo, y por su contribución real para valorar el papel de la mujer mexicana actual, y éstas se encuentran en diversos espacios trabajando día a día sin esperar un anillo de diamantes como reconocimiento a su labor, sino mirando cara a cara las necesidades, el hambre y la pobreza, la miseria, el dolor, la violencia, la muerte y los muchos otros rostros de nuestro México, en el que las mujeres tienen una participación invaluable, realmente significativa y desde otras esferas no de la cúspide y el poder, pero sí desde sus trincheras, desde y para la sociedad civil, mujeres que se distinguen por su valentía, su entrega y dedicación en busca de una mejor calidad de vida para sus familias y cuyo ejemplo debe servir para que muchas más mujeres se enfrenten a los retos que el siglo XXI nos ofrece a todas. Las verdaderas mujeres del año son rostros anónimos, que en vez de anillos de diamantes reciben la sonrisa como agradecimiento honesto y sincero de quienes ayudan y a quienes regalan una pizca de esperanza y de paz. Afortunadamente, también existen algunas ocasiones en que se les reconoce por otros organismos, como en el 2013 que se les otorgó el Premio de Derechos Humanos a “Las Patronas”, mujeres de Veracruz que alimentan migrantes desde hace más de 15 años. Estas y muchas otras, sí merecen además de este importante reconocimiento, ser las verdaderas Mujeres del Año. Publicado en Encuentro Digital el 18 de enero de 2016. http://www.encuentrodigital.com.mx/index.php/editorial/108-colaboradores/rosely-quijano-leon/1246-las-verdaderas-mujeres-del-ano

domingo, 10 de enero de 2016

DESFETICHIZACIÓN DE LA LECTURA

En su libro "Historia de lecturas y lectores", Juan Domingo Argüelles recopila la opinión de dieciséis lectores con diversas formaciones, pero irremediablemente todos ligados al tema de la lectura y la escritura: escritores, historiadores o investigadores, en su gran mayoría, que hablan acerca de cómo se convirtieron en lectores, así como sobre el panorama de la lectura en general. Sin embargo, en esta ocasión quisiera enfatizar en la aportación específicamente de Gregorio Hernández Zamora, doctor en lengua y cultura escrita y uno de los que han desarrollado su trabajo de investigación en torno a la lectura como una práctica social dentro del entramado de muchas otras prácticas sociales; además de recalcar a la muy recurrida división que suele hacerse entre lectores y “no lectores”. La visión y aportación de Gregorio Hernández, sobresale de los comentarios de los demás participantes del libro, que, dicho sea de paso, se construye a través de entrevistas realizadas a cada uno de ellos. Sobresale porque su visión es mucho más abarcadora e incluyente y, sobre todo, porque apunta a un hecho crucial del que casi nadie habla ¿por qué no leen los “no lectores”? Sin duda el término Fetichismo le va muy bien a lo que últimamente se hace en muchas campañas o programas de promoción de la lectura; coincido en que esa sobrevaloración sobre el libro y la lectura ha desvirtuado su verdadero sentido, carente por sí solos y a lo que Hernández Zamora llama “una arrogancia en la moralidad de quienes atribuyen a los libros y la lectura, en sí mismos, un significado positivo y superior a otras formas de experiencia cultural”. Él acertadamente puntualiza en el hecho de que la lectura no está desligada de otras prácticas sociales y culturales que también son enriquecedoras y que no necesariamente contribuyen a la formación de mejores o peores personas, sino simplemente a la vivencia de experiencias que contribuyen a la formación de la identidad del ser humano. La cuestión principal que aborda Gregorio Hernández es la corta visión que en muchas ocasiones se tiene de quienes implementan campañas o programas de promoción de la lectura y que tienden a clasificar con un simplismo a los ciudadanos de este país como lectores o no lectores, que bien podría remitir, como él mismo comenta, a aquella categorización que en tiempos de la Colonia se hizo de nosotros mismos (como suele hacerse de todos los territorios colonizados) como civilizados y bárbaros, y muchos años después aún se seguía reproduciendo este esquema divisionista, como en tiempos de José Vasconcelos cuando se nos catalogó entre alfabetizados y no alfabetizados. Esta nueva clasificación de lectores y no lectores, podría ser la continuidad de esta visión que, coincido con el autor, “no es sino un acto de profundo clasismo y etnocentrismo”. Incluso existe esta imposición de llamar como lector o no lector en función de lo que se lee o el tipo de lecturas que se realizan, descalificando así a quienes sólo leen, según cierto sector de la élite intelectual, literatura “barata” o “basura”, sin preguntarse por qué sólo leen este tipo de lecturas, qué los mueve o motiva hacerlo, qué oportunidades tienen de leer otro tipo de lecturas, y si lo tuvieran y al final eligieran leer sólo a autores como Carlos Cuauhtémoc Sánchez o Paulo Coelho (catalogados por muchos como esa literatura “barata”) quién estaría autorizado para descalificarlos como lectores.
El debate real con este tipo de autores radicaría en la lectura como material comercial y sus implicaciones en la formación del lector, sería más productivo y podría arrojar que a través de estas primeras aproximaciones a la lectura, precisamente por su difusión y fácil acceso al ser un material comercializado, se podría continuar la experiencia lectora con muchos otros materiales menos o no comerciales, y que en la mayoría de las ocasiones, cruzar ese puente, que por supuesto no es una obligación, interviene un mediador o promotor de la lectura, que puede ser alguien que se autonombre como tal, pero también lo que sin esa etiqueta suelen contribuir al mismo fin, ya sea los bibliotecarios, los docentes e, incluso, los empleados de las librerías, y hoy en día, en el vertiginoso mundo de las redes sociales, incluso una recomendación puede marcar la diferencia. Por último, Gregorio Hernández también apunta sobre la importancia de promover no sólo la lectura sino también la escritura, y nadie mejor que él para decirlo y por eso cito textualmente sus palabras: “Es indispensable leer porque a lo largo de su historia este país ha sido saqueado, vendido y malbaratado por criminales de adentro y de afuera, y lo sigue siendo hoy en día. Peor aún, hemos perdido la capacidad de imaginar que las cosas pueden ser diferentes. Leer y escribir son, en este sentido, herramientas indispensables para crear nuevos proyectos y utopías”. Es así que coadyuvar por una desfetichización de la lectura es sin duda uno de los grandes retos a los que tenemos que enfrentarnos quienes fomentamos la lectura no con la falsa idea de que esto puede hacer mejores a las personas, sino por el acto de acercar esta práctica social a quienes en muchas ocasiones y por diversas circunstancias tienen poco o limitado acceso a ella y, además, porque como práctica social y cultural nos enriquece, nos construye y entablamos un diálogo más allá de únicamente el que existe entre el libro y el lector. Referencia: Argüelles, Juan Domingo (2014) Historias de lectura y lectores. Los caminos de los que sí leen. México:Océano.
Publicado en Encuentro Digital el 31 de enero de 2015. http://www.encuentrodigital.com.mx/index.php/editorial/108-colaboradores/rosely-quijano-leon/1102-desfetichizacion-de-la-lectura

martes, 5 de enero de 2016

Operativo Lectura-Yucatán

Leer es buscar otras realidades para comprender mejor esta realidad.- Fabricio Caivano En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) uno puede encontrar gratas sorpresas, y este año, en el espacio de la Universidad de Coahuila, encontré un pequeño libro titulado “Cuentos policíacos 2015” que llamó mi atención no sólo por el título, sino por ver en la contraportada los logos oficiales de Sedeculta y el Gobierno del Estado, con los de otros Estados como Puebla y Coahuila, bajo el lema “entidades seguras y de lectura”, razón de más para llamar mi atención. Al parecer, fue precisamente en el marco de la FIL 2015, donde se anunció el arranque de este programa para los Estados ya mencionados, aunque preguntando e investigando un poco encontré que desde agosto pasado, se difundió en algunos medios digitales que, el titular de la Sedeculta, en la ciudad de Puebla, con la directora del Instituto Municipal de Arte y Cultura (IMACP) de esa entidad, anunciaron que Yucatán se sumaba al “Operativo lectura”, que tiene como uno de sus objetivos fortalecer la imagen de los policías, a través del reparto de ejemplares de clásicos literarios. Esto se tradujo en la edición de un pequeño libro titulado “Cuentos policíacos 2015” que incluye el cuento “El robo del elefante blanco”, de Mark Twain; “La carta robada”, de Edgar Allan Poe, y “El maestro del misterio”, de Jack London. La idea original de “Operativo lectura” parte de la experiencia precisamente de Puebla, que ya lo ha desarrollado y pretende que sean los policías quienes repartan en retenes y calles estos libros (cuyo tiraje por cierto fue de 51,700 ejemplares), con el fin de que la ciudadanía valore el papel de los agentes; también se menciona que con esta iniciativa “se contribuirá a formar lectores y disminuir los problemas que aquejan a la sociedad, como la delincuencia”. De cualquier forma, no se aclara muy bien cómo se lograría esto, pero lo cierto es que finaliza el 2015 y no se implementó aún en nuestro Estado. Lo cierto es que también hay algunas otras iniciativas que serían dignas de imitar, como por ejemplo una Sala de Lectura itinerante donde los policías acuden a las escuelas primarias a leerles a los niños, u otros casos similares, pero donde se fomenta la lectura con los policías. Un caso ejemplar, vale la pena mencionarlo, es el programa Literatura siempre alerta, que se desarrolla en el municipio de Nezahualcóyotl, el cual, en palabras de Alejandro Navarro Arredondo, investigador del Centro de Estudios Sociales y Opinión Pública, “dentro de la estrategia global de profesionalización para reducir el alto índice de criminalidad del municipio de Nezahualcóyotl, los elementos de seguridad pública, además de prepararse para el uso de armas de fuego y habilidades físicas para combatir la delincuencia, tienen una capacitación literaria que forma parte de un esquema de resolución de conflictos”, sin duda, ésta es una estrategia que también sería importante implementar en nuestro Estado.
La intención de Operativo Lectura parece ser buena, al menos en Puebla, donde se ha efectuado se aprecia algo de su accionar, sin embargo, no existe mucha información al respecto; salvo contadas notas y un pequeño video promocional de la IMACP que muestra cómo los policías en las calles “detienen” a los ciudadanos para ofrecerles y obsequiarles el libro “Cuentos policíacos 2015”, acción que de por sí a simple vista resulta interesante y loable. Valdría la pena preguntarse cuál es la verdadera finalidad del “operativo”, ya que por un lado se habla de promover el hábito de la lectura de una manera innovadora y que la lectura sea un placer accesible para todos y, por otro lado, se habla de crear una imagen positiva de los servidores públicos y oficiales de seguridad pública, así como dar un matiz nuevo a la perspectiva que usualmente tienen los ciudadanos respecto a los agentes del orden público. Ambas intenciones, ya sea fomentar la lectura o propiciar una visión más empática de la ciudadanía hacia los policías, me parecen ambiciosas, pero atinadas y necesarias. Sumar a los agentes policíacos al trabajo del promotor o mediador de lectura puede resultar interesante y propositivo, es probable que juntos puedan contribuir a erigir una mejor sociedad, armónica y segura, pero sin duda, pienso que es necesario para implementar el Operativo Lectura crear un vínculo entre el agente de seguridad y el mediador de lectura, para que exista una plena conciencia del valor de las actividades que cada uno realiza, es decir, el policía conocerá más a fondo el trabajo de un promotor de lectura y su repercusión en la sociedad, así como la importancia de la lectura y, por el otro lado, éste conocerá más a fondo el trabajo, sobre todo el sentir de los policías que, dicho sea de paso, muchas veces estigmatizamos sin conocer sus precarias condiciones laborales como jornadas extensas, salarios mínimos, pocas prestaciones, etc. Creo, por lo anterior, que la iniciativa es acertada, pero su implementación deberá contemplar a ambos grupos, porque en conjunto podrán hacer de este operativo algo funcional y significativo y no sólo parte de una “buena” iniciativa que se queda en el discurso de las palabras expresadas en unas cuantas páginas y no llega a quienes está dirigido: los ciudadanos. Y aunque en Yucatán finaliza el año y no sabemos cómo se implementará, ya que no ha iniciado su ejecución (en Coahuila dará inicio en enero), confiemos en que son claras las palabras del Gobernador de nuestro Estado, en las páginas dedicadas a la presentación del pequeño libro, cuando dice “Para el Gobierno del Estado de Yucatán, el servicio a la sociedad es primordial de la función pública […] Ponemos en marcha Operativo Lectura-Yucatán confiando en su éxito”. Esperemos entonces que pronto en las calles de nuestra “blanca” Mérida, pero también en los municipios y comisarías de todo el Estado, se implemente “Operativo lectura” y sea el 2016 un espacio para reconocer la labor de dos sectores importantes y olvidados de nuestra sociedad: los promotores de lectura y los agentes de seguridad, que día a día desde sus espacios aportan de manera anónima y sin el reconocimiento y respeto que deberían tener por parte de las autoridades y las instituciones correspondientes, y que sólo salen a la luz pública en contadas ocasiones, cuando es importante resaltar sus logros o sus acciones positivas, para mostrar públicamente que orgullosamente son parte de ésta o aquella institución, para después pasar nuevamente al olvido de quienes en su momento los presumen como trofeos propios. Publicado en el periódico Por Esto! Mérida, Yucatán a miércoles 30 de diciembre de 2015.

domingo, 27 de diciembre de 2015

EL LIBRO Y SU PRECIO

Sin duda alguna la principal limitante para el acceso al libro sigue siendo aún su precio, lo que lo convierte muchas veces en objeto de culto, inasequible y lejano. En la antigua Roma, la leyenda de los Libros Sibilinos nos ilustra cómo el alto precio del libro podía incluso ser una amenaza para los pueblos al no poder acceder a las profecías que en ellos se encontraban y que, por lo tanto, podrían hacer la diferencia entre el triunfo o la derrota de todo un imperio. La leyenda cuenta que las sibilas eran profetisas asociadas al culto de Apolo, quienes vivían en zonas volcánicas, consideradas como puertas del infierno. Una de ellas, la Sibila de Cumea, fue elegida por Apolo para convertirse en su amante a cambio de cumplirle el deseo que ella quisiera. Ella le pidió que le diera tantos años de vida como granos de arena cupieran en su puño, pero pasado el tiempo ella no accedió a corresponder los amores de Apolo, por lo que el astuto dios recordó que ella había olvidado pedir que su cuerpo no envejeciera, así que la Sibila viviría por muchísimos años, pero con el cuerpo envejecido; sus últimos y longevos años los pasó decrépita y encerrada en una jaula pronunciado las palabras “Quiero morir, quiero morir, quiero morir”. Su arriesgado atrevimiento también la sitúa como el personaje que desafía al último de los reyes de Roma, Tarquinio el Soberbio, a quien le ofrece en venta los nueve rollos o volúmenes proféticos, conocidos como “Los libros sibilinos”, Tarquinio al escuchar el precio, trescientas monedas de oro, rechaza tajantemente la oferta, entonces la sibila quema tres de ellos y vuelve a ofrecerle los seis volúmenes por el mismo precio, Tarquinio se niega de nuevo y ella quema otros tres más, motivado tal vez más por la curiosidad que por el valor de aquellos libros el rey decide comprarle por el precio inicial los tres tomos restantes.
Esta curiosa leyenda tal vez nos haga pensar en el valor del libro más allá de su precio, pues no necesariamente el valor del libro, que se lo otorga el mismo lector, está directamente relacionado con su precio, pero esa es otra cuestión. En México, en este país otrora de no lectores, que se convirtió de la noche a la mañana, según la muy debatible encuesta de lectura de CONACULTA, en el segundo de América Latina en hábitos lectores, el libro sigue siendo un producto caro, pues pese a la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, promulgada desde el 2008, que contempla el precio único del libro, esto no se aplica ni se respeta y no existe ninguna institución o dependencia que sancione a las librerías que incumplan con el rubro de esta ley. Ley que, es por demás decir, es letra muerta en nuestro país, pero que bien valdría la pena se aplicara y cumpliera como cualquier otra ley. Por fortuna, existen muchas otras formas de acceder al libro y la lectura, y sin duda los lectores son siempre creativos e ingeniosos para no perderse la oportunidad de leer, en especial si se trata de los libros más populares o más vendidos, que por cierto son los más caros, y que un cierto sector de lectores, no bibliófilos, han creado en redes sociales sus propias formas para intercambiar o vender los libros ya leídos y así poder acceder a otros, pues el interés de éstos es más por la historia que por el libro como objeto. En las ferias de libro sueles encontrar de todo tipo y de precios variados, tan diverso como los lectores mismos, y estas historias de grupos de niños y jóvenes que juntan dinero entre todos para comprar el título deseado, pero costoso, y poder compartirlo y prestarlo luego entre todos, además de inspirador es, sin lugar a dudas, un ejemplo de cómo el libro también une y acerca, crea lazos de amistad y formas de compartir, pero que no deja de ser caro e inaccesible para cualquiera. Una estrategia que al rey Tarquinio le hubiera resultado muy provechosa para poder adquirir los nueve en lugar de tan sólo tres de los tomos de los libros sibilinos. Los libros siempre han sido costosos, y los lectores no las ingeniamos para a pesar de ello, seguir leyendo, con la esperanza de que algún día bajen de precio. publicado en Encuentro Digital, 22 de diciembre 2015. Enlace: http://www.encuentrodigital.com.mx/index.php/editorial/108-colaboradores/rosely-quijano-leon/1001-el-libro-y-su-precio