jueves, 22 de septiembre de 2016

MIEDO AL LECTOR

A lo largo de su trayectoria, el escritor, por lo general, alguna vez se enfrenta al miedo que produce la 'página en blanco' o, menos frecuente, al miedo de ser leído y, por lo tanto, comentado o criticado, probablemente porque implica exponerse al escrutinio de todo tipo de lectores. Hoy no sucede tanto debido a las redes sociales, donde estamos expuestos más que nunca a los ojos de nuestros contactos/lectores.
Sin embargo, en el siglo XIX las mujeres escritoras experimentaron con mayor intensidad este temor a publicar y ser leídas, en especial por las férreas críticas que sus coetáneos  masculinos solían hacerles desvalorizando sus textos por el simple hecho de ser producto de las plumas femeninas. Los escritores del siglo XX fueron un poco más benevolentes, por eso Jorge Luis Borges afirmó alguna vez: 


'No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y más solitaria que la de esta mujer. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo y temerlo'. Se refería a una gran escritora nacida en Amberst, pueblecillo de Massachusetts, que vivió  recluida en su habitación para crear, en total silencio, los más de mil poemas que componen su obra y que fueran descubiertos, en su totalidad, por su hermana hasta después de su muerte en 1886.  Se trata de Emily Dickinson, quien sólo se atrevió a ser leída en vida por pocas personas, entre ellas su cuñada y el crítico literario Thomas Higginson,  quien por más de ocho años fue prácticamente su único lector y a quien le escribe  en su primera epístola: 'No sé si usted estará demasiado ocupado para decirme si mi poesía está viva'. Cientos de cartas y tan sólo dos visitas fueron suficientes para que Higginson decidiera publicar su obra póstumamente,  ya que ella jamás pudo vencer la agorafobia y el temor a ser leída; la poesía significó su vida y por eso le confiesa a su destinatario lo siguiente: 'Si un libro hace que sienta mi cuerpo tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, eso es poesía'.
En torno al enigmático encierro voluntario y la fuente de inspiración de la poeta se han fraguado muchos mitos, sobresalen los de dos amores no correspondidos o prohibidos, hacia un hombre casado o hacia una mujer, ninguno comprobable e innecesarios, pues lo realmente importante es que Emily, a pesar de sus miedos y fobias, creó entre cuatro paredes una gran obra poética que trasciende épocas, fronteras e idiomas y a la que hoy, paradójicamente, leen millones de lectores.
Publicado en Milenio Novedades. Mérida, Yucatán 14 de agosto de 2016.
http://sipse.com/opinion/miedo-lector-columna-rosely-quijano-leon-217874.html

martes, 9 de agosto de 2016

EL ÚLTIMO LIBRO

El escritor francés Michel Houellebecq dice que “los filósofos hablan mucho del amor, porque no tienen tiempo para practicarlo”, sin embargo Fernando Savater es una ejemplar excepción a esta afirmación.  “Aquí viven los leones. Viaje a las guaridas de los grandes escritores” es el título del que ha anunciado como su último libro, en él comparte por primera vez coautoría con su esposa, recién fallecida, Sara Torres a quien dedica un conmovedor prólogo que refleja el inmenso amor que sentía por su compañera de vida y de viajes, escrito, como él mismo dice, entre “lágrimas de amor y de gratitud por haberla conocido”.


La mayoría  de las veces los escritores nunca están conscientes de cuál será su último libro, Savater por el contario lo tiene muy claro, ha perdido a su compañera y su inspiración y por ello este recomendable libro pone el punto final a su larga trayectoria en las letras, sin duda ésta es la mejor forma de cerrar su ciclo, pues es también una declaración de amor a la literatura donde los lectores tienen la oportunidad de realizar, de la mano de los autores, un periplo por los lugares más emblemáticos de ocho famosos escritores: William Shakespeare, Stefan Zweig, Ágatha Christie, Edgar Allan Poe, Alfonso Reyes, Gustave Flaubert, Ramón del Valle-Inclán y Giacomo Leopardi. El recorrido por su vida y sus sitios están enmarcados con fotografías a modo de las postales que era costumbre enviar a amigos o familiares cuando se realizaba un viaje. Es así como podemos conocer el hogar, habitaciones, colegios y otros diversos lugares donde pasaron gran parte de su vida, o las multi visitadas lápidas y  tumbas donde hoy descansan sus restos. En cada autor se desvela su  lado íntimo y mundano, poco conocido y relevante para la valoración de sus obras, pero interesantísimo para los ojos de cualquier bibliófilo.

Las guaridas de los grandes escritores siempre están marcadas por la escritura, sus libros y sus romances, sin duda Savater ha pensado que la mejor forma de decir adiós a todos ellos es precisamente con estas últimas páginas a manera de homenaje y diciendo: “Yo sólo escribía para que mi mujer me leyera y ahora que no está no tiene sentido”, ¿acaso esto no desmiente a Houellebecq?, es Savater un apasionado filósofo prendado de la literatura que tuvo la fortuna de combinar su tiempo con sus dos grandes amores y por eso no debemos dejar de leer su último libro.

Publicado en Milenio Novedades, Mérida, Yucatán a domingo 31 de Julio de 2016.

jueves, 4 de agosto de 2016

CARTAS A UN ESCRITOR

La correspondencia en el siglo XIX fue la forma tradicional para entablar todo tipo de relaciones sociales,  las amorosas y prohibidas, como también las propias entre un escritor y sus lectores, que fueron más comunes de lo que podríamos imaginar. 
En 1846, Flaubert tenía 24 años, comenzaba a escribir su célebre novela Madame Bovary. Cierto día la escritora Louise Colete, once años mayor, realiza una de sus acostumbradas fiestas en los salones literarios, acude a ella el joven escritor y basta decir que a partir de entonces da inicio una apasionante y epistolar relación prohibida, más de tres mil cartas, en las cuales no sólo se habla de amor, sino de todo el proceso creativo y teórico narrativo del autor; lamentablemente las cartas de Louise a Flaubert fueron destruidas por su sobrina, quien las consideró inmorales y sólo se conservan las que el autor envió con ferviente pasión, evidentemente más por la literatura que por su amante,  hasta 1855. 
Pero Flaubert tuvo más de una lectora con la cual mantuvo comunicación epistolar: en 1856, ya publicada Madame Bovary en la revista literaria Revue de París y con el latente riesgo de censura, recibe una carta de la escritora Marie-Sophie Leroyer de Chantepie, autora de varias novelas, quien le declara su completa admiración, a la vez que le confiesa la fuerte identificación que encuentra con su protagonista femenina; el escritor, quien siempre ha desvalorizado el trabajo literario de las mujeres, considera un poco superficial y fútil la misiva, pero con el paso de los días y la insistencia de la autora comienza una prolongada amistad, meramente epistolar,  en la cual se discute sobre todo la relación entre la vida y la lectura; todo esto motiva a Mario Vargas Llosa a regalarnos el ensayo altamente recomendado 'La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary', basado en una declaración del autor: 'La única forma de soportar la existencia consiste en aturdirse con la literatura como en una orgía perpetua. El vino del Arte causa una larga embriaguez y es inagotable'.



Madame Bovary marcó una independencia para las mujeres lectoras del siglo XIX, más que condenada por querer convertir su vida en una de las novelas románticas que lee desde pequeña, es el impulso de atreverse a ir más allá de los convencionalismos lo que la universaliza. Flaubert, enamorado más de la literatura que de la vida, haya tenido una intensa producción epistolar con mujeres que contribuyeron para construir una imagen renovadora de lo femenino. No se sabe, pero sin las cartas de Colete y Leroyer, la vida literaria y amorosa del escritor seguramente no hubiera sido la misma.

Publicado el Domingo 3 de Julio de 2016 en el periódico Milenio Novedades, Yucatán.

miércoles, 22 de junio de 2016

La literatura infantil y juvenil

En el amplio mundo de la literatura se distingue la que particularmente se dirige a los niños y jóvenes (LIJ), pero ¿cuándo se escribió el primer libro para niños? Imposible de saberlo, aseguran varios teóricos que se han dado a la tarea de investigarlo. Algunos afirman que es el Panchatantra, el libro de fábulas e historias de animales, publicado en el siglo VI en la India. Otros pedagogos dicen que no fue sino hasta el siglo XVII con los Cuentos de mamá Oca de Perrault; pero finalmente se le adjudica el mote del primer libro para niños a Las aventuras de Telémaco (1699) del escritor francés Fénelon. Cierto es que, hoy día, Francia es uno de los países que exporta el mayor número de libros infantiles y genera gran parte de los 350 millones de euros anuales que produce en ganancias este género literario. Su consolidación se dio en el siglo XX con la publicación de El Principito (1943) de Antoine de Saint-Exupéry, actualmente traducido a más de 297 idiomas y dialectos, entre los que destacan el otomí y náhuatl. 
La LIJ representa grandes ganancias para las editoriales y múltiples oportunidades para escritores, ilustradores y lectores, pues han roto las barreras de lo tradicional convirtiéndose en un despliegue de innovación y creatividad en todo el engranaje libresco. Afortunadamente han comenzado a sobresalir a nivel internacional escritores mexicanos dedicados a este rubro, por mencionar algunos: Francisco Hinojosa, con La peor señora del mundo; Javier Malpica, Juan Villoro, Elman Trevizo, entre no muchos otros como Luis Bernardo Pérez que recién obtuvo, con su novela histórica juvenil Calles de tinta y ceniza,  el Premio Gran Angular, que la Fundación SM y la Secretaría de Cultura otorgan; así como Antonio Malpica que conquistó el Premio Iberoamericano SM; ellos son sólo una muestra más de que los escritores están poniendo un interés muy especial en escribir para niños y jóvenes, revalorando las letras mexicanas, pues sabemos que también en la LIJ se suele encumbrar a las obras extranjeras, notable ha sido el éxito de las sagas de Harry Potter y Crepúsculo, sólo por mencionar algunas. 
Atrás quedó la época en que se desdeñaba a la LIJ por su falta de 'calidad literaria';  ahora sólo nos resta, como adultos,  promover y apoyar a los escritores mexicanos que ponen su tinta y papel para este público lector y, ¿por qué no?, asomarnos también de vez en cuando a los mágicos estantes de la LIJ, guardan el mundo que deseamos habitar.

Publicado el domingo 19 de junio de 2016 en Milenio Novedades. http://sipse.com/opinion/literatura-infantil-juvenil-columna-rosely-quijano-leon-210104.html

jueves, 5 de mayo de 2016

El libro ¿impreso o digital?

En el mes de diciembre pasado, se realizó en la ciudad de México la primera conferencia internacional de lectura y tecnología organizada por Libros México (CONACULTA), evento que fue transmitido en vivo víastreaming y en el cual estuvieron diferentes conferencistas de diversos países para presentar y reflexionar sobre la aplicación de las nuevas tecnologías de la información en el amplio mundo de la creación, difusión y fomento de la lectura y los libros.
Todas estas propuestas sumamente interesantes las he querido traer ahora a la memoria para hablar desde mi experiencia de la transformación o evolución del libro de lo impreso a lo digital. Y por supuesto, es meramente una opinión personal basada en mi percepción, con la cual muchos pudieran estar o no de acuerdo.
No tengo el recuerdo del primer libro que leí, pero sí el primero significativo que me leyeron, era un libro grande e ilustrado de Cuentos clásicos, con el cual mi hermana mayor me enseñó a leer porque estaba ya aburrida de leerme una y otra vez la historia de “Los tres cochinitos”, “El patito feo” y “Pinocho”, así  que decidió mejor enseñarme a leer para que lo hiciera yo misma. Ella fue realmente con quien me asomé a la maravillosa ventana de la lectura por primera vez.  Fueron tardes hermosas que recuerdo con gran detalle. Como también recuerdo la primera vez que mi mamá me compró un libro, un día que casualmente pasamos por la feria del libro que se realizaba en el palacio municipal. Ese  libro fue “Navidad en las montañas” y “Clemencia” de Ignacio Manuel Altamirano, era un libro 2 en 1, que lamentablemente no conservo, pero sí recuerdo con mucho amor. De ahí vinieron seguramente muchos otros libros importantes y significativos. En cambio, la primera vez que leí en digital no la recuerdo, y es que soy de una generación que vimos el paso de la máquina de escribir a la computadora y de ahí al acceso a internet y a las publicaciones digitales. En mi etapa universitaria estoy segura, eso sí, que habrá sido la primera vez que leí en formato digital, y seguramente fue algún artículo, ensayo o texto académico, pero no un libro completo.

Fue hasta hace apenas unos pocos meses, que por primera vez decidí comprar y leer un ebook, y esto fue ante la imposibilidad de conseguirlo en físico; ese libro es “Pulpo en su tinta” de Will Rodríguez, escritor yucateco, a quien escuché leer en una mesa panel uno de sus cuentos y simplemente me enganchó y me di a la tarea de conseguirlo. Confieso que no soy muy hábil en las cuestiones digitales y formatos de archivo y demás, así que mi compra fue algo fácil, pero no así el poder abrir y leer el archivo que te envían, pues existen una serie muy amplia de formatos como el Epub, FB2, Mobi, DRM que yo ni conocía, ni conozco aún y, por supuesto, el único familiar hasta entonces, el PDF; pero resulta que esa no era una opción de compra, así que realmente fue algo muy complicado hasta buscar y dar con un convertidor de archivos para pasarlo a PDF. Pero bueno, después de tanto batallar por fin pude leer de principio a fin “Pulpo en su tinta y otras formas de morir”, un libro condimentado con ironía, sarcasmo y un juego ambivalente entre la realidad y la ficción que manejados con gran astucia son una gran muestra del ingenio del escritor para hablar de temas como la muerte y la futilidad de diversas situaciones de la vida cotidiana que, probablemente, sin ser la intencionalidad del autor, llevan al lector a reflexionar sobre la seriedad con la que en ocasiones, tomamos ciertas situaciones que podrían verse con humor, con ironía desde otra perspectiva. Al ser un libro de minificción se presta para su lectura ágil en formato digital; no obstante, meses después llegó a mis manos por una causalidad afortunada el libro impreso, así que volví a leerlo, y de ahí es que puedo decir, con base en mi experiencia, que las dos lecturas, del mismo libro, no fueron las mismas, por supuesto, disfruté mucho más releerlo en el libro impreso, tal vez porque solo tuve que retirar el forro de plástico que traen los libros nuevos, pasar la portada y comenzar a leer y no un tortuoso procedimiento para abrirlo o convertirlo a ningún formato. El libro estuvo por unos días en la mesita de libros junto a mi cama, así que en cualquier momento del día podía tomarlo y leerlo, y, por supuesto, no tuve que lidiar con el brillo de la pantalla y el cansancio que a mí me produce leer en la computadora. Así es que, en conclusión, la lectura de este libro para mí fue mucho más placentera, provechosa y dichosa que su lectura en digital. Por eso pienso y concuerdo con el historiador francés, Roger Chartier, quien opina que la lectura en digital sin duda aporta nuevas opciones a los lectores sobre todo por su nivel hipertextual, el cual es muy útil para cierto tipo de libros o documentos que lo requieren, sin embargo apunta que, “el libro no va a morir como objeto, porque este “cubo de papel con hojas”, como decía Borges, es todavía el más adecuado a los hábitos de los lectores que entablan un diálogo con las obras que les hacen pensar o soñar”. 
Lo cierto es que, no podemos cerrarnos a los nuevos formatos del libro, pero tampoco podemos dejar de tener nuestro preferido, y creo que, los jóvenes lectores que con mayor facilidad pasan de un formato a otro sin problema y quienes tienen en sus manos el futuro del libro impreso, no lo dejarán morir, porque incluso ellos, en sus preferencias aún siguen teniendo al libro en físico, por accesibilidad leen más en el formato digital, más no por preferirlo, en la mayoría de los casos. Así que el futuro es esperanzador, porque nada podrá sustituir, por más que lo intenten, la sensación de tener un libro entre las manos, la textura y el olor de las páginas, y sobre todo, el sentido de pertenencia y de poder, al terminar de leerlo, buscarle el lugar apropiado junto con los otros libros que has tenido entre las manos y te has dado a la tarea de acoger en tu casa y ordenar en tu librero, porque sabes que cada uno se merece un lugar y un trato especial que una simple carpeta llena de archivos en la computadora no necesariamente tiene, porque carecen del color, el diseño y la originalidad de las portadas y los lomos que le dan versatilidad y color a tu librero.
Creo que aun los que impulsan fuertemente hoy en día las bibliotecas digitales y el libro electrónico en el fondo saben que uno no suple a lo otro, sino que se complementan. Pues en la Conferencia que mencioné al inicio, la cual seguí atentamente, me dio a mí y a todos los que preferimos al libro impreso, la razón,  pues en la participación de James English, de la biblioteca pública de Nueva York, quien explicó el proyecto Library Simplified que básicamente consiste en una colección de aplicaciones disponible para iOS y Android con el fin de que los lectores pudieran acceder con mayor facilidad a los ebooks desde cualquier dispositivo móvil, sucedió algo curioso, pues en su demostración,  los que yo llamo los “aluxes defensores del libro impreso” (los mismos que trajeron a mis manos el libro de Will Rodríguez),  hicieron de las suyas, pues al intentar mostrar cómo funciona la app desde un celular y una Tablet, ambos dispositivos fallaron y esa facilidad para acceder a leer en cualquier momento cualquier libro que quisieras se diluyó, aunado a que el celular se quedó sin batería y ya no pudo darse la demostración de tan novedosa invención, la cual, por supuesto, no dudo que así sea, tan eficaz, útil, rápida y accesible, siempre y cuando tengas suficiente batería y una buena señal de internet, lo cual, lamentablemente no siempre ocurre. Y ésta es una razón más por la que seguiré leyendo en físico todos los libros que me gustan y que quiero tener, aunque me estén dejando sin espacio en mi de por sí pequeña casa, pero también seguiré leyendo en digital todos los ensayos y textos académicos que me son útiles para los temas de investigación que sigo y las clases que imparto, porque no se trata de que uno anule al otro, se trata de las diversas oportunidades que no existían antes y hoy sí, afortunadamente para nosotros los lectores del siglo XXI.
Publicado en Encuentro Digital el 25 de abril de 2016. http://www.encuentrodigital.com.mx/index.php/editorial/108-colaboradores/rosely-quijano-leon/2503-el-libro-impreso-o-digital

sábado, 9 de abril de 2016

El extraño síntoma de la mujer lectora

Es curioso y hasta cierto punto irónico que Stefan Bollmann, escritor alemán, sea quien más haya escrito y divulgado sobre el papel de la mujer occidental como lectora a lo largo de la historia a través de sus libros más conocidos como Las mujeres que leen son peligrosas (2006), Las mujeres que escriben son peligrosas(2007) y Mujeres y libros. Una pasión con consecuencias (2015). Sin duda es interesante la pasión con la que Bollmann en estos libros ha realizado un repaso histórico fecundamente documentado e, incluso, ilustrado al relacionar su primer libro con la pintura, los retratos y fotografías de mujeres leyendo, todo esto para cuestionar si las mujeres que leen son o han sido peligrosas. Su visión masculina lejos de ensombrecer, al contrario, engrandece a las mujeres lectoras.


    La visión enigmática y subversiva de la mujer lectora que pudo tener en los siglos XVII al XIX, y probablemente hasta el XX, está íntimamente relacionada con los estereotipos y deberes, principalmente en el espacio doméstico, que le fueron adjudicados desde siempre. El escándalo que provocó en los círculos parisinos la “fiebre lectora” fue duramente criticada por pedagogos e intelectuales del siglo XVIII que veían inmoral y nada productivo tanto física como mentalmente el exceso de lecturas, en especial, en las mujeres. Quién diría que unos siglos después añoramos que pudiera darse nuevamente una “fiebre lectora”. Sin embargo, diferentes posturas, debates y opiniones pesarán sobre la mujer como lectora, los hombres discuten si deben o no leer, qué deben leer y los peligros que pudiera acarrear una lectura sin tutoría ni vigilancia que llevara a un trágico fin como el que retrató, en 1856, Flaubert con Madame Bovary.
    Todos los riesgos, atrevimientos, desobediencias, clandestinidad y rebeldía de las mujeres lectoras que se retratan en estos libros de Bollmann son una hermosa muestra de los obstáculos impuestos por el hombre mismo para crear el fetichismo de la mujer lectora. Observándolo desde el misticismo, intriga y misterio que se observa y se crea con la sola imagen de una mujer y un libro, cuantimás si esa mujer es alguien importante para la época, o simplemente la mujer común y corriente, muy poco retratada, pero que también lee. Hubo una época en que también se estigmatizó a la mujer lectora o escritora, aludiendo a su falta de “atributos” físicos para socializar, razón suficiente para refugiarse en la lectura como una forma de salvación o de esparcimiento, para vivir las historias (románticas) que no podría realizar o simplemente por la extrañeza con la que nace la mujer predispuesta a los libros, como lo retrata a la perfección el personaje Josephine de la célebre novela de Louisa May Alcott, Mujercitas de 1868, o Anne, la protagonista dePersuasión de Jane Austen, de 1817. Pero en la realidad esto lo vivieron en carne propia cientos de mujeres lectoras y escritoras, como el caso particular de la peruana Clorinda Matto de Turner autora de Aves sin nido (1889) o de Gertrudis Gómez de Avellaneda autora de Sab (1841) que son sólo una pequeña referencia a las mujeres latinoamericanas que en el siglo XIX se enfrentaron con la cruel y punzante opinión masculina con respecto no sólo a sus obras, sino a su apariencia física (señalando su poca feminidad)  y su extraña afición por la lectura y la escritura que siempre calificaron como menor o puramente sentimental, haciendo con ello eco de las palabras de Schopenhauer quien decía que los hombres tienen ideales, las mujeres sólo ilusiones. Sin duda alguna los mismos libros han dejado una huella imborrable de que el filósofo se equivocaba.
    Las opiniones masculinas en el siglo XX no cambiaron en mucho, por más que en México, por ejemplo, José Vasconcelos diera en apariencia un gran impulso a la educación de la mujer, en su campaña rumbo a la presidencia jamás alcanzada, encargándole a Gabriela Mistral la tarea de elegir y publicar los libros que las mujeres debían leer, lo cierto es que en el discurso no dejó de plasmar su sentir: “para mí, la forma del patriotismo femenino es la maternidad perfecta”. La mujer debía educarse, ser lectora, pero no dejar de lado sus roles históricos y socialmente establecidos, bajo riesgo de considerarse peligrosa, subversiva, inmoral o hasta loca, y aquí sin duda retumba el recuerdo de Elena Arizmendi Mejía y María Antonieta Rivas Mercado, ambas amantes del apóstol de la educación, pero mujeres independientes, lectoras, feministas y derrumbadas por una sociedad no preparada aún para mujeres pensantes y con opiniones propias como ellas y otras tantas.
   A mitad de siglo la vida va revolucionando, la radio, la televisión, el cine, Hollywood y la fábrica de los sueños va en vertiginoso aumento. La gente ha dejado los libros poco a poco a un lado porque ahora pueden escucharse y verse, pueden imaginarse a través de los ojos de los otros. La mujer pasa a ser figura central por su belleza y no por su inteligencia; así que el estereotipo es ahora la mujer famosa, con glamour y estilo, dedicada a la vida matrimonial y doméstica, la esposa perfecta o la mujer fatal que arrebata a las de su misma especie al marido o novio sólo por ser más sexy y menos anticuada. La mujer lectora es pues, como lo vislumbra Rosario Castellanos, una especia de “bicho raro”, en su novela autobiográfica Ritos de iniciación; Cecilia, la protagonista tiene que vivir las peripecias de ser provinciana, ser mujer y estudiar una carrera de letras donde domina la intelectualidad masculina, menosprecian a la mujer escritora y lectora asumiendo estereotipos como “debe ser lesbiana, solterona o poco femenina”.
   Pero en 1952 puedo darse ser el primer paso para romper con los estereotipos anteriores, Eve Arnold tiene la atinada decisión de captar uno de los momentos más emblemáticos, y hoy en día más difundidos y también cuestionados, de Marilyn Monroe, la famosa fotografía del símbolo sexual del siglo XX: Marilyn leyendo el Ulises de Joyce. Los cuestionamientos no se hicieron esperar, mujer, belleza y libros no habían sido captados y difundidos tan abiertamente hasta entonces, el mito de la mujer lectora y peligrosa sigue vigente, no es esta la única foto de la estrella de cine leyendo y tampoco es la única mujer famosa ni no famosa que lo hace, su atrevimiento causó en los hombres un mayor placer, deseo y atracción en la mujer seductora y misteriosa que les dice con esas fotografías “no sólo soy deseable porque soy muy guapa, sino también porque leo libros sesudos”.
   El extraño síntoma de la mujer lectora sigue causando no necesariamente peligro ni miedo, pero sí atracción, las lectoras que somos hoy, según las estadísticas, mucho mayor en cantidad que los hombres, no somos un grupo homogéneo ni estático, las mujeres leemos distintos géneros, temas, formatos, tenemos diferentes gustos y capacidades, somos como lectoras exactamente igual que los hombres, leemos también por gusto, por placer, por curiosidad, por saber más, hay lectoras para toda la amplia gama editorial, desde el best seller o la literatura canónica, la lectura “light” o la “alta” literatura (lo que sea que eso signifique), leemos desde las revistas femeninas hasta los cómics, sí  leemos, pero no todas leemos lo mismo, tenemos el síntoma de la mujer lectora, pero entre nosotras mismas no debemos adoptar la misma actitud del hombre históricamente recurrente, de desprestigiar lo que leemos, sería doblemente injusto y deshonesto. Con el paso del tiempo pareciera que adoptamos la misma actitud de arrogancia del intelectual masculino, y sin embargo creo que sí existen no una sino muchas razones por las que las mujeres leen, no por sentirse más sino por encontrar entre las páginas de un libro un sentir, una vivencia, un algo que nos haga feliz o también para desahogar los sueños inaccesibles, las ilusiones rotas, el desamor o los sentimientos reprimidos, leemos para encontrarnos y los libros con el paso del tiempo nos ofrecen la seguridad para ser independientes y expresar sin remordimientos nuestras opiniones, y es esto lo que pienso que sí resulta ser la consecuencia del extraño síntoma de la mujer lectora, la que lee para sí, para encontrarse y no para dividirse y apartarse del resto de las mujeres. Son éstas, probablemente las lectoras que causan cierto temor, pero a la vez una misteriosa atracción indescriptible.
   “Leo porque me he tomado el derecho que nadie dádome ha…y porque si no lo hiciera me hubiera ya muerto de tantas lágrimas. Porque la palabra es mi respiración, porque si no leo hoy una flor se cierra en el monte. Leo para levantarme las manos de tanta suciedad que a mi alrededor se acumula”, éstas son algunas de las razones de ser lectora de la periodista y escritora María Luisa “la china Mendoza”, y así seguramente cada mujer lectora, cada lector en general tendrá sus razones para leer, todas válidas; yo creo que leo porque entre las páginas encuentro las vidas ajenas que hubiera querido tener y porque los libros son mi refugio favorito en algún momento del día para la soledad. Por eso pienso que hoy en día las mujeres que leemos no somos peligrosas, son peligrosos las mujeres y los hombres que no han tenido la oportunidad o la suerte de leer, pero sobre todo son aún más peligrosos los que leen y con esto asumen que ya son una autoridad intelectual para desdeñar lo que los demás leemos, porque entonces con ello muestran que el peligro de leer no está en ser hombre o mujer, sino en utilizar la lectura como una bomba de soberbia y de irracionalidad sobre el que siendo o no lector es simplemente, humano.

Referencias:
Bollmann, Stefan:
Mujeres y libros. Una pasión con consecuencias. México, 2015, Seix Barral.
Las mujeres que leen son peligrosas. Madrid, 2006, Maeva. 
Sefchovich, Sara. El cielo completo. Mujeres escribiendo, leyendo. México, 2015, Océano.

Publicado en Encuentro Digital el 29 de marzo de 2016.
http://www.encuentrodigital.com.mx/index.php/editorial/108-colaboradores/rosely-quijano-leon/2036-el-extrano-sintoma-de-la-mujer-lectora#.VvtRFTs-AKg.facebook

martes, 29 de marzo de 2016

JUANA BORRERO: EL CISNE JOVEN Y ATORMENTADO (Cuba. 1877-1896)

El Modernismo tuvo pocas, pero muy valiosas expresiones femeninas que se vislumbraron en los inicios del siglo XX. Sin embargo, en Cuba, en 1877, nace la hija del poeta Esteban Borrero destinada a crecer en un ambiente familiar de amor al arte, la literatura y el conocimiento en general. Juana Borrero será en su corta vida pintora y poeta de espíritu precoz, niña/musa o poeta/maga son algunos de los calificativos que los mismos poetas Modernistas como José Martí y Rubén Darío le adjudican a la poeta adolescente, quien desde los siete años escribe su primera rima “Sol naciente” y a la que conocería Julián del Casal cuando ella apenas tenía 14 años y quien se convertirá en su más breve, pero a la vez, mayor influencia literaria. Julián del Casal muere en 1893 no sin antes haber publicado, apenas dos meses antes de su muerte, en La Habana Elegante el 20 de agosto, un poema-retrato titulado “Virgen triste”, calificativo que le quedará marcado a Juana para la posteridad:

 Al roce imperceptible de tus sandalias
polvo místico dejas en leves huellas
 y entre las adoradas sola descuellas,
pues sin tener fragancia como las dalias
 tienes más resplandores que las estrellas.

 La producción poética de Borrero no es exigua, incluye colaboraciones en las mejores publicaciones habaneras de la época, como La Habana Elegante, La Habana Literaria, El Fígaro, entre otros. Un año antes de su prematura muerte, 1985, publica Rimas, en la biblioteca Gris y Azul, la mayoría de sus poemas aparecen en la antología Grupo de familia, poesías de los Borrero, publicada también el mismo año. Aunado a su producción poética se ha hecho gran énfasis en su obra epistolar, producto de la relación amorosa con el también poeta Carlos Pío Uhrbach, obra que la crítica ha dado en reconocer que más allá del romance y las pasiones entre dos jóvenes enamorados se puede entrever la situación social del momento de Cuba en medio de la guerra. Moris Campos opina que “el epistolario documenta una pasión donde Borrero expresa la necesidad de posesión absoluta del ser amado, a la vez que lleva a cabo la más exquisita y atormentada (re)creación de sí misma. Borrero se inventó con el fin de seguir la ruta vital que Casal le dejó en herencia, por una parte, y los modelos femeninos finiseculares de los que —dada su naturaleza apasionada y fuerte temperamento—, se alejaba”
Su obra refleja algo más que el sentimentalismo de una adolescente enamorada o romántica, pues en sus poemas “se respira el espíritu parnasiano de búsqueda de la perfección formal” (Campuzano, Luisa), y aunque en sus poemas se desborda, como es natural, un sentimiento romántico, la crítica actual ha notado en su obra una gran influencia y tendencia modernista, no sólo por ser público el hecho de que fuera reconocida por Rubén Darío y el mismo José Martí, a quien conoce en Nueva York en 1892, sino también por la notable influencia en su poesía de otros poetas Modernistas como Gutiérrez Nájera, que se hace evidente en un poema titulado Vorrei Morire: “Quiero morir cuando al nacer la aurora/ su clara lumbre sobre el mundo vierte” que hace clara alusión al célebre poema Para entonces, y que como Iván Schulman afirma, no se trata de una simple copia sino de analogías en el discurso que se infieren como un “estilo modernista moldeado” que posee Borrero. No obstante, los autores modernistas del momento, la encumbraron y hablaron de ella, pero con el mismo tono con el que se hablaba de las mujeres escritoras decimonónicas, con cierto recelo y, sobre todo, enfatizando que aquellas eran “un caso especial”, o como diría Darío de Juana, “persona extraordinaria”, una excepción a la “vegetación común”. Y es que el pensamiento de Darío, como el propio de los hombres escritores de su época, se deja entrever en este fragmento de una de sus entregas en la revista “El mundo del arte” de 1894: “una mujer excesivamente ilustrada es tan peligrosa como la mujer ignorante, porque la excesiva ilustración, como la ignorancia inicial, la separa de su gran arte, que es el sentimiento, de su gran ciencia, que es el hombre, de su segunda religión, que es el hijo”; y con esto no habla sólo Darío sino las voces masculinas de todo un siglo que además tendrá repercusión en la centuria siguiente. Es así que Juana Borrero, pese a esa indiscutible aportación a la poesía modernista, no ha sido siempre reconocida y mencionada en las antologías o los textos críticos que abordan esta corriente literaria.

 Adicional a su efímera, pero valiosa producción poética, la crítica también ha estudiado y analizado su obra epistolar dedicada a su único amor, el poeta Carlos Pío Uhrbach, con quien estaba comprometida a casarse, lo cual nunca llegará a suceder dada su anticipada muerte. Su obra epistolar, descubierta hasta 1964 por su hermana Mercedes, cambiará el mito que se formó por varias décadas entorno a Juana como la joven virginal y casta que se vislumbra en su poesía y que le adjudica Casal. “Las cartas de Borrero recogen, por último, las huellas supremas de la pasión: las lágrimas y la sangre” y es ahí donde la crítica y los que se han abocado al estudio de su obra han encontrado mayores rasgos de la joven poeta; ejemplo de ello es el trabajo de Judith Moris Campos quien se cuestiona en él si Ana Borrero fue la “virgen triste” como la describió Casal o una “impúdica vestal” por la carga de emociones, temperamento, pasiones sensuales y sentimientos de protesta reprimidos que vuelca en sus apasionantes cartas. Eliana Rivero afirma que “la Juana Borrero que se despliega en el Epistolario signa su futuro destino a manos de la crítica: el amor aniquilante, autodestructivo, exigente hasta el fuego de la absoluta posesión espiritual es el nuevo sello con que a Juana se la lee, la niña-virgen se revela como amante-tigresa, obsesionada y delirante”

Cualquiera de las dos caras de Juana Borrero refleja que su corta vida la dedicó a la literatura y la pintura probablemente porque leer y escribir es, como afirma Sara Sefchovich, “la primera forma de independencia, y de hecho la única posible para las mujeres a lo largo de la historia”. Una vida efímera que dejó una importante producción literaria que ha quedado para los estudios críticos actuales. En sus últimos días de vida, poco después de cumplir apenas 18 años, Juana Borrero escribe el poema titulado “Última rima”:

 Yo he soñado en mis lúgubres noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas,
con un beso de amor imposible
sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.

 Muere el 9 de marzo de 1896 a causa fiebre tífica, deja un legado poético y epistolar importante que no sólo contribuye a darle una voz femenina al fin de siglo y al Modernismo, sino que también vislumbra a la mujer joven poeta, la mujer finisecular que se caracterizó por ser el cisne joven y atormentado que en sus últimas rimas tan sólo pidió: Dame el beso soñado en mis noches, en mis noches tristes de penas y lágrimas, que me deje una estrella en los labios y un tenue perfume de nardo en el alma.



 REFERENCIAS:

 Campuzano, Luisa (1997) Mujeres latinoamericanas: Historia y cultura siglos XVI al XIX. Tomo II. La Habana Cuba, Casa de las Américas/Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Moris

Campos, Judith (2009) “Juana Borrero: ¿Virgen triste o impúdica vestal? En Espacio laical. En: http://www.espaciolaical.org/contens/17/8689.pdf

Rivero, Eliana (1990) “Pasión de Juana Borrero y la crítica” En Revista Iberoamericana. file:///C:/Users/sora%C3%B1o/Downloads/4789-18950-1-PB.pdf “Homenaje a Juana Borrero” en La Habana Elegante. http://www.habanaelegante.com/Spring2003/Azotea.html

 Publicado en Encuentro Digital, 1 de marzo de 2016.